La responsabilidad de los padres

La responsabilidad de los padres
El primer objetivo de los padres consistirá en la adquisición de conocimientos relativos a la forma correcta de criar a sus hijos, de tal manera que puedan asegurarles cuerpos y mentes sanos. Se deben practicar los principios de la temperancia en todos los detalles de la vida hogareña.{CSI 112.1}
La negación del yo debe ser enseñada a los hijos y practicada en forma consistente desde la niñez. Enséñeseles a los pequeños que deben comer para vivir y no vivir para comer; que el apetito debe ser controlado por la voluntad y que la voluntad debe ser controlada por un raciocinio inteligente y sereno.{CSI 112.2}
Si los padres han transmitido a sus hijos tendencias que hacen más difícil la labor de educarlos de manera que sean estrictamente temperantes, y que cultiven hábitos puros y virtuosos, ¡cuán solemne es su responsabilidad de contrarrestar esas tendencias recurriendo a todos los medios a su alcance! Con cuánta diligencia debieran luchar para cumplir con su deber hacia sus desafortunados hijos. A los padres se les ha confiado el sagrado deber de salvaguardar la condición física y moral de sus hijos. Las personas que gratifican el apetito de un niño y no le enseñan a controlar sus pasiones, podrán ver después en el esclavo del tabaco, o el bebedor de licor, con los sentidos adormecidos y cuyos labios pronuncian falsedad y profanidad, el terrible error que han cometido.{CSI 112.3}
Es imposible que quienes dan rienda suelta al apetito, alcancen la perfección cristiana. Las sensibilidades morales de los hijos no pueden ser despertadas fácilmente a menos que se ejerza cuidado en la selección de sus alimentos. Muchas madres sirven una mesa que constituye una verdadera trampa para la familia. Carnes, mantequilla, queso, pasteles de difícil digestión, comidas condimentadas y aliños son ingeridos igualmente por viejos y jóvenes. Estas cosas realizan su labor de perturbar el estómago, excitar los nervios y debilitar el intelecto. Los órganos productores de sangre no pueden convertir tales comidas en buena sangre. La grasa cocinada en los alimentos dificulta la digestión. El efecto del queso es dañino. El pan de harina refinada no imparte al sistema los nutrientes que se encuentran en el pan de harina integral. Su uso regular no mantendrá al sistema en óptimas condiciones. Las especias irritan la delicada mucosa del estómago y destruyen su sensibilidad. La sangre se afiebra, y las propensiones animales se despiertan, mientras que las facultades morales e intelectuales se debilitan y llegan a ser dominadas por las más bajas pasiones. {CSI 112.4}
La madre debiera aprender a presentar una alimentación sencilla, a la vez que nutritiva, ante su familia. Dios ha provisto al hombre suficientes medios para la satisfacción de un apetito no pervertido; y le ha concedido los productos de la tierra: una abundante variedad de alimentos agradables al paladar y nutritivos para el organismo. Nuestro bondadoso Padre celestial dice que podemos comer libremente de éstos. Las frutas y los granos y vegetales, preparados de una manera sencilla, sin especias ni grasa de ninguna clase, complementados con leche o crema, constituyen el régimen más saludable. Imparten alimento al cuerpo y proporcionan poder de resistencia y vigor del intelecto, no producidos por un régimen estimulante.{CSI 113.1}

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