“Hacedlo todo para la gloria de Dios” – Régimen Alimenticio

Hacedlo todo para la gloria de Dios - Régimen Alimenticio
 Por la inspiración del Espíritu de Dios, el apóstol Pablo insta a que todo lo que hagamos, aun el acto natural de comer o beber, debemos hacerlo no para complacer el apetito pervertido, sino con un sentido de responsabilidad: “Hacedlo todo para la gloria de Dios”. 1 Corintios 10:31. Cada parte del hombre ha de ser protegida; hemos de ejercer cuidado, no sea que lo que se lleva al estómago borre de la mente pensamientos elevados y santos. ¿No puedo yo hacer lo que me place? pregunta alguien, como si estuviéramos tratando de privarlo de un gran bien, cuando presentamos la necesidad de comer con inteligencia, y conformar todos los hábitos a las leyes que Dios ha establecido.{CRA 65.1}
Existen derechos que pertenecen a todos los individuos. Tenemos una individualidad y una identidad que es nuestra. Nadie puede sumergir su identidad en la de algún otro. Cada uno debe actuar por sí mismo, de acuerdo con los dictados de su propia conciencia. Con respecto a nuestra responsabilidad e influencia, somos responsables ante Dios porque derivamos nuestra vida de él. No la obtenemos de la humanidad, sino sólo de Dios. Pertenecemos a él por creación y por redención. Nuestros propios cuerpos no nos pertenecen, para que los tratemos como nos plazca, para que los estropeemos con hábitos que conducen a la decadencia, imposibilitándonos el rendir a Dios un servicio perfecto. Nuestra vida y todas nuestras facultades mentales, pertenecen a él. El está cuidando de nosotros cada momento. El conserva la maquinaria humana en acción. Si nos la dejara para que la hiciéramos funcionar nosotros por un solo momento, moriríamos. Dependemos absolutamente de Dios. {CRA 65.2}
Aprendemos una gran lección cuando nos damos cuenta de nuestra relación con Dios, y su relación con nosotros. Las palabras: “No sois vuestros, porque habéis sido comprados por precio” (1 Corintios 6:19, 20), deben grabarse permanentemente en nuestra memoria, para que siempre reconozcamos el derecho que Dios tiene sobre nuestros talentos, nuestra propiedad, nuestra influencia, nuestra individualidad personal. Hemos de aprender cómo tratar este don de Dios constituido por la mente, el alma y el cuerpo, para que, como posesión comprada por Cristo, podamos realizar un servicio saludable y grato para él.—Special Testimonies, Series A, 9:58 (1896).{CRA 66.1}
76. Ha estado resplandeciendo la luz sobre vuestra senda con respecto a la reforma pro salud y el deber que incumbe a los hijos de Dios en estos postreros días en cuanto a ejercer templanza en todas las cosas. Vi que estabais entre aquellos que demorarían en ver la luz y en corregir su manera de comer, beber y trabajar. En la medida en que se reciba y se siga la luz, ésta realizará una completa reforma en la vida y el carácter de todos aquellos que son santificados por ella.—Joyas de los Testimonios 1:193 (1868).{CRA 66.2}

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