El régimen sencillo – Régimen Alimenticio

El régimen sencillo - Régimen Alimenticio
Una ayuda para lograr una percepción rápida
116. Si hubo alguna vez un tiempo en que la alimentación debía ser de la clase más sencilla, es ahora.—Joyas de los Testimonios 1:259 (1869).{CRA 96.7}
117. Dios quiere que los hombres cultiven la fuerza del carácter. Los que son meramente contemporizadores no son aquellos que recibirán una rica recompensa día tras día. El quiere que los que trabajan en su causa sean hombres de aguda inteligencia y rápida percepción. Deben ser temperantes en el comer; los manjares suculentos no deben encontrar lugar en sus mesas; y cuando al cerebro se lo carga constantemente y hay falta de ejercicio físico, deben comer con frugalidad, aun tratándose de alimentos sencillos. La claridad de mente y la firmeza de propósito de Daniel, su fortaleza de intelecto para adquirir conocimientos, se debían en extenso grado a la sencillez de su régimen, en relación con su vida de oración.—Testimonies for the Church 4:515, 516 (1880).{CRA 97.1}
118. Mis queridos amigos, en vez de seguir una conducta que previene la enfermedad, estáis mimando la enfermedad y cediendo a su poder. Debéis evitar el uso de drogas, y observar cuidadosamente las leyes de la salud. Si tenéis alguna consideración por vuestra vida, debéis comer alimentos sencillos, preparados de la manera más simple, y hacer más ejercicio físico. Cada miembro de la familia necesita los beneficios de la reforma pro salud. Pero el uso de drogas debe ser abandonado para siempre; porque al paso que no cura ninguna enfermedad, debilita el sistema, haciéndolo más susceptible a la misma.—Testimonies for the Church 5:311 (1885).{CRA 97.3}
Ahorrando mucho sufrimiento
119. Ud. necesita llevar a la práctica la reforma pro salud en su vida; negarse a sí mismo en el comer y beber para la gloria de Dios. Absténgase de los deseos carnales que batallan contra el alma. Necesita practicar la
temperancia en todas las cosas. He aquí una cruz que Ud. ha rehuido. El conformarse a un régimen sencillo, que lo preserve en la mejor condición de salud, es la tarea que le corresponde. Si hubiera vivido de acuerdo con la luz que el cielo permitió que brillara en su sendero, mucho sufrimiento podría haberse ahorrado para su familia. Su propia conducta ha acarreado seguros resultados. Mientras continúe actuando de esta suerte, Dios no vendrá a su familia para bendecirlo en forma especial, y obrar un milagro a fin de ahorrar sufrimientos a su familia. Un régimen sencillo, desprovisto de especias, de carnes y grasas de todo género, resultará una bendición para Ud., y le ahorrará a su esposa una gran cantidad de sufrimiento, pesar y abatimiento…—Testimonies for the Church 2:45, 46 (1868).{CRA 98.0}
Alicientes para llevar una vida sencilla
A fin de prestarle a Dios servicio perfecto, debe Ud. tener conceptos claros de sus requerimientos. Debe Ud. usar los alimentos más sencillos, preparados en la forma más simple, a fin de que los nervios delicados del cerebro no sean debilitados, embotados o paralizados, de tal suerte que le resulte a Ud. imposible discernir las cosas sagradas, y valorar la expiación, la sangre expiatoria de Cristo, como un bien incalculable. “¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos a la verdad para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado”. 1 Corintios 9:24-27.{CRA 98.1}
Si los hombres, sin tener un objetivo más alto que el de una corona perecedera como recompensa de su ambición, se sometían a la temperancia en todas las cosas, ¡cuánto más deben estar dispuestos a practicar la negación de sí mismos aquellos que profesan estar buscando no sólo una corona de gloria inmortal, sino una vida que ha de durar tanto como el trono de Dios, y riquezas eternas, honores imperecederos y un permanente peso de gloria! {CRA 98.2}
¿No debieran los estímulos presentados ante los que corren la carrera cristiana, inducirlos a practicar la negación de sí mismos y la temperancia en todas las cosas a fin de que puedan mantener sujetas sus propensiones animales, herir el cuerpo, y controlar el apetito y las pasiones carnales? Entonces podrán ser participantes de la naturaleza divina, habiendo escapado a la corrupción que está en el mundo por medio de la concupiscencia.{CRA 99.1}
La recompensa de la perseverancia
120. Las personas acostumbradas a un régimen fuerte y muy estimulante tienen el gusto pervertido y no pueden apreciar de buenas a primeras un alimento sencillo. Se necesita tiempo para normalizar el gusto y para que el estómago se reponga del abuso. Pero los que perseveren en el uso de alimentos sanos, los encontrarán sabrosos al cabo de algún tiempo. Podrán apreciar su sabor delicado y los comerán con deleite, prefiriéndolos a las golosinas malsanas. Y el estómago, en condición de salud, es decir, ni febril ni recargado, desempeñará fácilmente su tarea.—El Ministerio de Curación, 229 (1905).{CRA 99.2}
Avancemos
121. Una reforma en el comer implicaría ahorrar gastos y trabajos. Las necesidades de una familia pueden ser fácilmente suplidas, es decir satisfechas, con un régimen sencillo y sano. Los alimentos fuertes o suculentos quebrantan los órganos sanos del cuerpo y de la mente.—Spiritual Gifts 4:132 (1864).{CRA 99.3}
122. Todos nosotros hemos de considerar que no ha de haber extravagancia en ningún respecto. Debemos estar satisfechos con un alimento puro, sencillo, preparado de una manera simple. Este debe ser el régimen de los encumbrados y de los humildes. Deben evitarse las sustancias adulteradas. Nos estamos preparando para la vida futura e inmortal en el reino de los cielos. Esperamos hacer nuestra labor de acuerdo con las instrucciones y con el poder del grande y poderoso Sanador. Todos deben poner de su parte sacrificio propio.—Carta 309, 1905.{CRA 100.1}
123. Muchos me han preguntado: ¿Cuál es el mejor proceder que puedo seguir para preservar mi salud? Mi respuesta es la siguiente: Dejad de transgredir las leyes de vuestro ser; dejad de gratificar un apetito depravado; comed alimentos sencillos; vestíos en forma saludable, lo cual exigirá modesta sencillez; trabajad en forma sana, y no estaréis enfermos.—The Health Reformer, agosto de 1866.{CRA 100.2}
Régimen alimenticio para las reuniones campestres
124. No debe llevarse a las reuniones campestres nada fuera de los artículos más saludables, cocinados de una manera sencilla, libres de toda especia y grasa.{CRA 100.3}
Estoy convencida de que nadie necesita enfermarse en su preparación para las reuniones campestres, si observa las leyes de la salud en su forma de cocinar. Si no hacen tortas o pasteles, sino cocinan pan integral o de graham sencillo, y dependen para su alimentación de la fruta, conservada o seca, no necesitan enfermarse al prepararse para las reuniones, y no necesitan estar enfermos mientras asisten a las mismas. Nadie debe pasar todo el tiempo de las reuniones sin alguna comida caliente. Siempre hay estufas para cocinar en el campamento, donde esto puede hacerse. {CRA 100.4}
No debe haber hermanos y hermanas que lo pasen enfermos en el campamento. Si se visten debidamente en las horas frías de la mañana y de la noche, y son cuidadosos como para variar su indumentaria de acuerdo con el cambio del tiempo, de manera que puedan preservar la debida circulación, y observan estrictamente la regularidad en las horas de dormir y en el consumo de alimentos sencillos, no ingiriendo nada entre las comidas, no necesitan estar enfermos. Pueden estar bien durante las reuniones, con sus mentes claras y capaces de apreciar la verdad, y pueden regresar a sus hogares refrigerados en cuerpo y en espíritu. Los que han estado empeñados en un trabajo duro día tras día, ahoran dejan de hacer ejercicio; por lo tanto no deben comer la misma cantidad de alimento. Si lo hacen, sus estómagos estarán sobrecargados.{CRA 101.1}
Deseamos tener las facultades del cerebro especialmente vigorosas en estas reuniones, y en la más saludable condición posible para escuchar la verdad, apreciarla, y retenerla, a fin de que todos puedan ponerla en práctica después de volver del congreso. Si el estómago está cargado con excesivo alimento, aunque sea sencillo, la fuerza del cerebro es llamada a auxiliar a los órganos digestivos. Hay una sensación de embotamiento del cerebro. Es casi imposible mantener los ojos abiertos. Las mismas verdades que debieran escucharse, entenderse y practicarse, resultan enteramente perdidas debido a la indisposición, o porque el cerebro está casi paralizado como consecuencia de la cantidad de alimento ingerido.{CRA 101.2}
Quiero aconsejar a todos a que tomen alguna clase de alimento caliente, por lo menos cada mañana. Podéis hacer esto sin mucho trabajo. Podéis preparar cereales integrales, cocidos con agua en forma de gacha. Si la harina integral está demasiado áspera, cernidla, y mientras la gacha o cereal cocido está caliente, añadid leche. Esto proporcionará un plato de lo más sabroso y saludable para el campamento. Y si vuestro pan está seco, cortadlo en trocitos y ponedlo en vuestra gacha, y resultará agradable. Yo no apruebo el consumo de mucho alimento frío, debido a que entonces debe restarse vitalidad al sistema para calentar el alimento hasta que éste llegue a ser de la misma temperatura que el estómago antes que la obra de la digestión pueda realizarse. Otro plato muy sencillo y sin embargo muy sano, es el frijol hervido, o cocinado. Diluid una porción de frijoles en agua, añadid leche o crema, y haced un caldo; el pan puede usarse así como se emplea en las gachas integrales.—Testimonies for the Church 2:602, 603 (1870){CRA 101.3}
La comida para el picnic
125. Unanse varias familias que vivan en una ciudad o pueblo, y dejen las ocupaciones que los han sobrecargado física y mentalmente. Hagan una excursión al campo, a la orilla de un hermoso lago, o a un lindo bosque, donde la escena natural sea bella. Deben llevar consigo alimento sencillo e higiénico, las mejores clases de frutas y cereales, y tender la mesa bajo la sombra de algún árbol o bajo la bóveda del cielo. El viaje, el ejercicio y el escenario avivarán el apetito, y pueden gozar de una comida que los reyes envidiarían.—Testimonies for the Church 1:514 (1867).{CRA 102.3}
126. Esfuércense fervientemente los que abogan por la reforma pro salud para hacer de ésta todo lo que ellos pretenden que es. Descarten todo lo que sea perjudicial para la salud. Usen alimentos sencillos y sanos. La fruta es excelente, y ahorra mucho trabajo de cocinar. Descarten los pasteles, las tortas, los postres, y otros platos preparados para tentar el apetito. Coman menos clases de alimento en una misma comida, y consúmanlos con agradecimiento.—Carta 135, 1902{CRA 102.7}
Sencillez al hospedar a otros
127. Cristo dio en su propia vida una lección de hospitalidad. Cuando estaba rodeado por la muchedumbre hambrienta al lado del mar, no la mandó sin refección a sus hogares. Dijo a sus discípulos: “Dadles vosotros de comer”. Mateo 14:16. Y por un acto de poder creador proporcionó bastante alimento para suplir sus necesidades. Sin embargo, ¡cuán sencillo fue el alimento provisto! No había lujo. El que tenía todos los recursos del cielo a su disposición podría haber presentado a la gente una comida suculenta. Pero proveyó solamente lo que bastaba para su necesidad, lo que era el alimento diario de los pescadores a orillas del mar.{CRA 103.1}
Si los hombres fueran hoy sencillos en sus costumbres y vivieran en armonía con las leyes de la naturaleza, habría abundante provisión para todas las necesidades de la familia humana. Habría menos necesidades imaginarias y más oportunidad de trabajar de acuerdo con los métodos de Dios. Cristo no trató de atraer a los hombres a sí por la satisfacción del amor al lujo. El menú sencillo que proveyó era una garantía no sólo de su poder sino de su amor, de su tierno cuidado por ellos en las necesidades de la vida.—Joyas de los Testimonios 2:571, 572 (1900).{CRA 103.2}
128. Los hombres y las mujeres que profesan ser seguidores de Cristo, son a menudo esclavos de la moda, y de un apetito glotón. En la preparación de reuniones a la moda, se invierten tiempo y energía—que debieran dedicarse a propósitos más elevados y nobles—para cocinar una variedad de platos insalubres. Debido a esta moda, muchos que son pobres y que dependen de su trabajo diario, están dispuestos a incurrir en gastos a fin de preparar diferentes clases de ricas tortas, conservas, pasteles, y una variedad de alimentos a la moda para los visitantes. Lo único que hacen estos platos es perjudicar a los que los consumen. Al mismo tiempo, quienes los preparan necesitan la suma así gastada para comprar ropa para ellos mismos y para los niños. Este tiempo empleado para preparar alimentos destinados a gratificar el gusto a expensas del estómago debe dedicarse a la instrucción moral y religiosa de los hijos. {CRA 103.3}
El hacer visitas a la moda es convertido en ocasión para la glotonería. Se participa de alimentos y bebidas perjudiciales en tal medida que sobrecarga grandemente los órganos de la digestión. Para procesar esos alimentos se exige la acción innecesaria de las fuerzas vitales, lo cual produce agotamiento, y perturba grandemente la circulación de la sangre, y como resultado, la carencia de energía vital se hace sentir en todo el sistema. Las bendiciones que podrían resultar de una visita social, se pierden a menudo por el hecho de que la persona que hospeda, en lugar de beneficiarse con nuestra conversación, trabaja arduamente en la cocina, preparando una variedad de platos para deleitar a los invitados. Los cristianos nunca deben permitir que su influencia fomente una conducta semejante consumiendo alimentos complicados preparados de esta manera. Comprendan ellos que el objeto que tenéis al visitarlos no es complacer el apetito, sino el hacer que vuestra asociación mutua y el intercambio de pensamientos y sentimientos resulte una bendición para todos. La conversación debe ser de un carácter tan elevado y ennoblecedor que después pueda recordarse con sentimientos del más alto placer.—(1865) H. to L., cap. 1, 54, 55{CRA 104.1}
129. Los que atienden a visitas, deben tener alimentos sanos y nutritivos, a base de frutas, cereales y vegetales, preparados de una manera sencilla y apetitosa. Esa forma de cocinar exigirá nada más que un poco de trabajo o gasto extra, y el consumir esos alimentos en cantidades moderadas, no perjudicará a nadie. Si los mundanos eligen sacrificar tiempo, dinero y salud para gratificar el apetito, déjese que ellos lo hagan, y paguen la penalidad de la violación de las leyes de la salud; pero los cristianos deben tomar una posición definida con respecto a estas cosas, y ejercer su influencia en la debida dirección. Pueden hacer mucho para reformar estas costumbres que están de moda, y que destruyen la salud y el alma.—(1865) H. to L., cap. 1, 55, 56{CRA 105.1}
Listos para el huésped inesperado
130. Algunas madres de familia escatiman la comida en la mesa para poder obsequiar opíparamente a sus visitas. Esto es desacertado. Al agasajar huéspedes se debiera proceder con más sencillez. Atiéndase primero a las necesidades de la familia.{CRA 105.8}
Una economía doméstica imprudente y las costumbres artificiales hacen muchas veces imposible que se ejerza la hospitalidad donde sería necesaria y beneficiosa. La provisión regular de alimento para nuestra mesa debe ser tal que se pueda convidar al huésped inesperado sin recargar a la señora de la casa con preparativos extraordinarios.—El Ministerio de Curación, 248 (1905){CRA 105.9}
Pensad menos en el alimento temporal
131. Debemos estar constantemente meditando en la palabra, comiéndola, digiriéndola, y asimilándola al practicarla, de manera que sea llevada a la corriente de la vida. El que se alimenta de Cristo diariamente enseñará a otros por su ejemplo a pensar menos en lo que come y a sentir mucho mayor ansiedad por el alimento que da a su alma.{CRA 106.4}
El verdadero ayuno que debe recomendarse a todos es la abstinencia de todo alimento estimulante, y el uso adecuado de los alimentos sanos y sencillos, que Dios ha provisto en abundancia. Los hombres necesitan pensar menos en lo que comerán y beberán, en el alimento temporal, y mucho más con respecto al alimento celestial, que dará tono y vitalidad a toda la experiencia religiosa.—Carta 73, 1896.{CRA 106.5}
La influencia reformadora de una vida sencilla
132. Si nos vistiéramos de una manera sencilla y modesta sin seguir la moda; si nuestra mesa fuera provista siempre de alimentos sencillos y saludables, evitando todo manjar lujoso y suculento, toda extravagancia; si nuestras casas fueran edificadas con la debida sencillez y amuebladas de la misma manera, esto mostraría el poder santificador de la verdad, y tendría una influencia destacada sobre los no creyentes. Pero mientras nos conformamos al mundo en estas cosas, tratando, aparentemente de superar a veces a los mundanos en arreglos extravagantes, la predicación de la verdad tendrá poco o ningún efecto. ¿Quién creerá la solemne verdad para este tiempo, cuando los que ya profesan creerla contradicen su fe con sus obras? No es Dios el que nos ha cerrado las ventanas del cielo, sino nuestra propia conformidad a las costumbres y prácticas del mundo.—Testimonies for the Church 5:206 (1882){CRA 106.6}
133. Merced a un milagro del poder divino dio Cristo de comer a la muchedumbre; y sin embargo, ¡cuán modesto era el manjar provisto! Sólo unos peces y unos panes que constituían el alimento diario de los pescadores de Galilea.{CRA 107.1}
Cristo hubiera podido darle al pueblo una suntuosa comida; pero un manjar preparado únicamente para halago del paladar no les hubiera servido de enseñanza para su bien. Mediante este milagro, Cristo deseaba dar una lección de sobriedad. Si los hombres fueran hoy de hábitos sencillos, y si viviesen en armonía con las leyes de la naturaleza, como Adán y Eva en un principio, habría abundantes provisiones para satisfacer las necesidades de la familia humana. Pero el egoísmo y la gratificación de los apetitos trajeron el pecado y la miseria, a causa del exceso por una parte, y de la necesidad por otra.—El Ministerio de Curación, 30 (1905).{CRA 107.2}
134. Si los que profesan ser cristianos usasen menos de su fortuna para adornar su cuerpo y hermosear sus propias casas, y en sus mesas hubiese menos lujos extravagantes y malsanos, podrían colocar sumas mucho mayores en la tesorería del Señor. Imitarían así a su Redentor, quien dejó el cielo, sus riquezas y su gloria, y por amor de nosotros se hizo pobre, a fin de que pudiésemos tener las riquezas eternas.—Joyas de los Testimonios 1:381, 382 (1875){CRA 107.3}

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