El plan divino en la obra médica misionera

El plan divino en la obra médica misionera
La majestad del cielo como médico misionero
Este mundo ha sido visitado por la Majestad del Cielo, el Hijo de Dios. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.{MM 23.1}
Cristo vino a este mundo como la expresión del mismo corazón, mente, naturaleza y carácter de Dios. Él era el resplandor de la gloria del Padre para expresar la imagen de su persona. Mas él dejó a un lado su túnica y su corona reales y descendió de su exaltada posición para tomar el lugar de un siervo. Él era rico; pero se hizo pobre por amor a nosotros, para que pudiéramos tener riquezas eternas. Él hizo el mundo, mas se vació a sí mismo en forma tan completa que durante su ministerio declaró: “Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza”.{MM 23.2}
Él vino a este mundo y estuvo entre los seres que había creado como un varón de dolores, experimentado en quebrantos. Él fue “herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”. Él fue tentado en todo como nosotros; no obstante, no se halló pecado en él.{MM 23.3}
Un siervo de todos
Cristo estuvo a la cabeza de toda la humanidad en forma de un ser humano. Su actitud fue tan llena de simpatía y amor que el más pobre no temía acudir a él. Era amable con todos y asequible, aun para el más indigno. Anduvo de casa en casa curando enfermos, alimentando hambrientos, animando a los que se quejaban, alentando a los afligidos y dirigiendo palabras de paz a los angustiados. {MM 23.4}
El Señor tomó a los pequeñuelos en sus brazos y los bendijo, y tuvo palabras de esperanza y aliento para las madres cansadas. Con un cariño y una gentileza constantes enfrentó toda forma de miseria y de aflicción humanas. Trabajó, no para sí mismo, sino para los demás. Estuvo dispuesto a humillarse y negarse a sí mismo. No buscó distinción. Fue el siervo de todos. Su objetivo máximo era ser alivio y consuelo para los demás, alegrar a los tristes y a los cargados con quienes tenía contacto diariamente.{MM 24.1}
Una expresión del amor de Dios
Cristo está ante nosotros como el Hombre modelo, el gran Médico Misionero: un ejemplo para todos los que quieran seguirle. Su amor puro y santo bendecía a todos los que entraban en la esfera de su influencia. Su carácter fue absolutamente perfecto, libre de la más mínima sombra de pecado. Él vino como la expresión del perfecto amor de Dios, no para aplastar, no para juzgar y condenar, sino para sanar todo carácter débil y defectuoso, para salvar a los hombres y las mujeres del poder de Satanás.{MM 24.2}
Él es el Creador, el Redentor y el Sustentador de la raza humana. Jesús hace a todos la invitación: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil y ligera mi carga”.{MM 24.3}
Tras las huellas
¿Cuál, pues, es el ejemplo que debemos dar al mundo? Debemos hacer la misma obra que el gran Médico Misionero hizo a nuestro favor. Debemos seguir la senda de abnegación por la cual anduvo Cristo. {MM 24.4}
Cuando veo a tantos que pretenden ser médicos misioneros, vienen a mi mente destellos de lo que Cristo fue en esta tierra. Al pensar en cuán por debajo de la norma quedan los obreros de hoy cuando se comparan con el Ejemplo divino, se agobia mi corazón con una pena que las palabras no pueden expresar. ¿Harán los hombres y mujeres alguna vez una obra que refleje los rasgos y el carácter del gran Médico Misionero?…{MM 25.1}
¿No hay suficiente infortunio en esta tierra azotada y maldecida por el pecado, que nos induzca a consagrarnos a la obra de proclamar el mensaje que “de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna?” El Hijo de Dios pisó esta tierra. Vino a traer luz y vida a los hombres, a liberarlos de la esclavitud del pecado. Y vendrá otra vez con poder y gran gloria, para recibir a los que durante esta vida hayan seguido en sus huellas.{MM 25.2}
Su nombre debe honrarse
¡Oh, cuánto deseo ver a los que afirman ser médicos misioneros honrar al Gran Ejemplo, demostrando en su vida lo que comprende la declaración de ser un médico misionero! Quisiera que estuvieran aprendiendo de la mansedumbre y la humildad del Salvador. Mi corazón se apena al pensar que Cristo es tan enormemente defraudado por sus seguidores. Ellos llevan un nombre cuya vida diaria no les da derecho a ostentar.{MM 25.3}
Debemos ser santificados, alma y cuerpo, por medio de la verdad; entonces honraremos el nombre de médico misionero. ¡Oh, este nombre significa tanto! Requiere una representación completamente distinta de la que han dado muchos que así se han autodenominado. Pronto comprenderán ellos cuánto se han apartado de los principios del cielo, y cuán grandemente han contristado el corazón de Cristo.—Carta 117, 1903.{MM 25.4}
Se comprende por medio de la práctica
Cuando todos nuestros médicos misioneros vivan la vida renovada en Cristo Jesús, y tomen sus palabras con el significado de todo lo que Cristo quiso que significaran, habrá una comprensión mucho más clara y abarcante de lo que constituye la obra médica misionera genuina. Y no obstante, esta línea de trabajo puede entenderse mejor cuando se la práctica con sencillez. El desempeño de esta obra tendrá un significado más profundo para los que la llevan a cabo cuando obedezcan la santa ley grabada en las tablas de piedra por el dedo de Dios, incluyendo el mandamiento del sábado, en relación al cual Cristo mismo habló por medio de Moisés a los hijos de Israel…{MM 26.1}
Seguid al maestro
Los siervos de Dios que están haciendo la genuina obra médica misionera tienen sobre ellos la responsabilidad de lo más solemne y sagrada de reflejar la vida de Cristo al realizar un servicio desinteresado. Deben apartar los ojos de todo lo demás y mirar sólo a Jesús, el autor y consumador de su fe. Él es el origen de toda luz, la fuente de toda bendición celestial. A todo obrero médico misionero se me ha instruido a decir: Seguid a vuestro Líder. Él es el camino, la verdad, la luz y la vida; su ejemplo es el que debemos seguir como verdaderos médicos misioneros.{MM 26.2}
En esta época de piedad enfermiza y de principios pervertidos, los que están convertidos en vida y práctica revelarán una espiritualidad saludable e influyente. Los que tengan un conocimiento de la verdad como está revelada en la Palabra de Dios deben pasar al frente. Mis hermanos, Dios requiere esto de vosotros. Toda pizca de vuestra influencia debéis usar ahora en la causa correcta. Todos debemos aprender ahora cómo permanecer en defensa de la verdad que es digna de aceptación. Los que se esfuerzan por vivir la vida de Cristo deben llamar las cosas por su verdadero nombre y levantarse en defensa de la verdad como es en Jesús. {MM 26.3}
Tiempo para avanzar
A toda alma cuya vida esté escondida con Cristo en Dios le corresponde pasar al frente ahora. Algo debe hacerse. Necesitamos luchar más fervientemente por la fe que una vez fue dada a los santos. El espíritu con el cual se defiende la verdad para que el reino de Dios avance debe ser como sería si Cristo estuviera personalmente en esta tierra. Si él estuviera aquí, hablaría para dar una solemne reprensión a muchos que dicen ser médicos misioneros, pero que han escogido no seguir el mandato que él les ha dado: que aprendan de él su humildad y mansedumbre de corazón. Se ha exaltado el yo en la vida de algunos de los que ocupan las posiciones más altas. Hasta que los tales desechen todo deseo de exaltarse, no pueden discernir claramente el carácter y la gloria del gran Médico Misionero…{MM 27.1}
Debemos unirnos ahora, y por medio de la verdadera obra médica misionera preparar el camino para la venida de nuestro Rey. Incrementemos el conocimiento de la verdad y rindamos toda excelencia y gloria debida a aquel que es uno con el Padre. Busquemos más fervientemente la unción celestial, el Espíritu Santo.—Manuscrito 83, 1903.{MM 27.2}
El propósito de la humildad de Cristo
Hay demasiado del yo y muy poco de Jesús en el ministerio de todas las denominaciones. El Señor utiliza a hombres humildes para proclamar sus mensajes. Si Cristo hubiera venido en la majestad de un rey, con la pompa que acompaña a los grandes hombres de la tierra, muchos lo habrían aceptado. Pero Jesús de Nazaret no encandiló los sentidos con un despliegue de gloria externa, ni hizo de esto el fundamento de la reverencia de ellos. Vino como un hombre humilde, para ser el Maestro y el Ejemplo, como también el Redentor de la raza. Si él hubiera dado cabida a la pompa, si hubiera venido seguido por un séquito de grandes hombres terrenales, ¿cómo habría podido enseñar humildad? ¿Cómo habría podido presentar verdades candentes como las que expuso en su sermón del monte? Su ejemplo fue tal que todos sus seguidores deseaban imitarlo. ¿Dónde habría estado la esperanza del humilde en esta vida si él hubiera venido con exaltación y hubiera morado como un rey en esta tierra? Jesús conocía las necesidades del mundo mucho mejor de lo que sus habitantes sabían. No vino como un ángel, vestido con la panoplia del cielo, sino como un Hombre. No obstante, combinados con su humildad, había un poder y una grandeza inherentes que asombraban a los hombres a la vez que despertaban su amor. Aunque poseía tal encanto, y un porte de verdadera modestia, se movía entre ellos con la dignidad y el poder de un Rey nacido del cielo.—Testimonios para la Iglesia 5:233, 234. {MM 27.3}
Los discípulos de Cristo deben representar su carácter
El Salvador vivió en esta tierra una vida que el amor por Dios de cada verdadero creyente en Cristo lo constreñirá a vivir. Siguiendo su ejemplo en nuestra obra médica misionera, debemos revelar al mundo que nuestras credenciales son de lo alto, que como representantes del reino de los cielos estamos cumpliendo las palabras de la oración del Señor: “Venga tu reino”. Unidos con Cristo en Dios, revelaremos al mundo que así como Dios escogió a su Hijo para ser su representante sobre la tierra, del mismo modo Cristo nos ha escogido para representar su carácter. Todo el que tiene una fe genuina en Cristo Jesús lo representará en carácter… {MM 28.1}
Hacia las alturas de la fe
Nuestros obreros médicos misioneros deben elevarse a alturas que puedan ser alcanzadas sólo por una fe viviente y activa. En este tiempo de nuestra historia, los hombres que están a la cabeza de la obra no deben permitir que prevalezca una confusión sentimental con relación a lo que en realidad se debe esperar de los misioneros médicos que son enviados por Dios. Debe haber una comprensión más definida y clara de lo que abarca la obra médica misionera. Se la debe definir como situada en un plano sumamente más elevado, y como fuente de resultados de un orden mucho más santificado, antes que Dios pueda aceptarla como genuina. Los que desean honrar a Dios no mezclarán los planes de política mundana con los planes del Señor para tratar de lograr los resultados que Dios ordena que esta obra alcance…{MM 29.1}
Nuestra obra está definida con claridad. Como el Padre envió a su Hijo unigénito a nuestro mundo, de esta forma Cristo nos envía, sus discípulos, como sus obreros médicos misioneros. Debemos cumplir la voluntad de Dios al cumplir esta misión exaltada y santa. Ni la mente ni el juicio de un hombre deben ser nuestro criterio en cuanto a qué constituye la verdadera obra médica misionera…{MM 29.2}
La verdadera obra médica misionera es de origen celestial. No se originó en ningún ser humano. Pero en conexión con ella vemos tanto que deshonra a Dios, que se me ha instruido a decir: La obra médica misionera es de origen divino y tiene una gloriosa misión que cumplir. Debe estar en conformidad con la obra de Cristo en todo su alcance. Los que obran en unanimidad con Dios representarán el carácter de Cristo en forma tan segura como Cristo representó el carácter de su Padre mientras estuvo en este mundo. {MM 29.3}
Limpios de mundanalidad
Se me ordena decir que Dios tendrá una obra médica misionera limpia de la impureza de la mundanalidad y elevada para permanecer en su verdadera posición ante el mundo. La influencia de esta obra se destruye cuando se mezclan con ella ardides que ponen en peligro las almas. Por eso, al llevarse a cabo la obra médica misionera, se han suscitado muchas perplejidades que demandan nuestra consideración cuidadosa…{MM 30.1}
Nada será de más ayuda para nosotros en esta etapa de nuestra obra que comprender y cumplir la misión del más grande Médico Misionero que alguna vez pisara la tierra; nada nos ayudará más a comprender cuán sagrada es esta clase de labor y cuán perfectamente corresponde con el trabajo de la vida del Gran Misionero. El blanco de nuestra misión es el objeto mismo de la misión de Cristo. ¿Por qué envió Dios a su Hijo a este mundo caído? Para dar a conocer y demostrar a la raza humana su amor por ellos. Cristo vino como Redentor. Durante todo su ministerio debía mantener en forma exaltada su misión para salvar a los pecadores…{MM 30.2}
El propósito de Dios al delegar a los hombres y mujeres la misión que encomendó a Cristo es liberar a sus seguidores de toda política mundana y darles una obra idéntica a la obra que Cristo hizo.—Manuscrito 130, 1902.{MM 30.3}
La fuente del éxito
El Señor nos ha instruido respecto a que todos nuestros sanatorios deben ser dirigidos, no como si el éxito de la obra hecha se debiera a la habilidad o al conocimiento de los médicos, sino al poder divino unido al médico. El Gran Sanador debe ser magnificado. Debe demostrarse que el favor de Dios está en la institución debido a que allí se respetan los principios de la reforma a favor de la salud y se reconoce a Cristo como el Médico Jefe. En el pasado nuestros sanatorios han sido un medio de bendecir y de mejorar a la humanidad, y continuarán siéndolo si se manejan en la forma debida. Si la verdad se representa de un modo correcto, los que patrocinan nuestros sanatorios sabrán mucho de sus principios, y muchos se convertirán. Estas instituciones me han sido presentadas como haces de luz que muestran la verdad como es en Jesús. El Señor Jesús es el gran Ministro de la curación y su presencia en nuestras instituciones ha tenido sabor de vida para vida. Cristo vino al mundo como el gran Médico de la raza humana. Nuestros sanatorios, doquiera estén establecidos, deben ser fuerzas educadoras. El Señor se complacería de ver que ustedes y sus colaboradores organizan su obra para que lleve a cabo un trabajo más especial en las líneas religiosas. {MM 30.4}
Ha sido maravilloso el resultado del plan de Dios en el establecimiento de tantas instituciones de salud. La intemperancia de toda clase está tomando al mundo cautivo, y los que son verdaderos educadores en este tiempo, los que instruyen con abnegación y sacrificio propio, tendrán su recompensa. Ahora es nuestro tiempo, ahora es nuestra oportunidad para hacer una obra bendecida.—Carta 50, 1909.{MM 31.1}
Tipos del poder salvador de Dios
En nuestras instituciones médicas misioneras, debe ponerse a la gente en contacto con las verdades especiales para este tiempo. Dios dice que habrá instituciones establecidas bajo la supervisión de hombres que han sido sanados por su creencia en la Palabra de Dios, y que han vencido sus defectos de carácter. En el mundo se ha hecho toda clase de provisión para el alivio de la humanidad enferma, pero la verdad en su sencillez debe presentarse a estos dolientes por medio de hombres y mujeres leales a los mandamientos de Dios. Deben fundarse en todo el mundo, manejadas por gente que esté en armonía con las leyes de Dios, que coopere con Dios en presentar la verdad que determina el caso de cada alma por la que Cristo murió… {MM 31.2}
Toda la luz del pasado, que brilla hasta el presente y que se extiende hasta el futuro, como está revelada en la Palabra de Dios, es para cada alma que viene a nuestras instituciones de salud. El Señor desea que los sanatorios establecidos entre los adventistas del séptimo día sean símbolos de lo que puede hacerse a favor del mundo; tipos del poder salvador de las verdades del evangelio. Deben ser canales para el cumplimiento de los grandes propósitos de Dios a favor de la raza humana.{MM 32.1}
Las palabras escritas por Moisés guiado por el Espíritu de Inspiración pertenecen al pueblo de Dios y a sus instituciones de esta generación tanto como a las del antiguo Israel:{MM 32.2}
“Porque eres pueblo santo a Jehová tu Dios, y Jehová te ha escogido para que le seas un pueblo único de entre todos los pueblos que están sobre la tierra”.{MM 32.3}
“Mirad, yo os he enseñado estatutos y decretos, como Jehová mi Dios me mandó… Guardadlos, pues, y ponedlos por obra; porque ésta es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos, los cuales oirán todos estos estatutos, y dirán: Ciertamente pueblo sabio y entendido, nación grande es ésta. Porque, ¿qué nación grande hay que tenga dioses tan cercanos a ellos como lo está Jehová nuestro Dios en todo cuanto le pedimos? Y¿qué nación grande hay que tenga estatutos y juicios justos como es toda esta ley que yo pongo hoy delante de vosotros?”{MM 32.4}
Ni siquiera estas palabras son capaces de alcanzar la grandeza y la gloria del propósito de Dios que su pueblo debe cumplir.—Manuscrito 166, 1899.{MM 33.1}
El más alto objetivo
Se necesitan sanatorios en los cuales se realice una obra médica y quirúrgica de éxito. Esas instituciones, conducidas de acuerdo con la voluntad de Dios, quitarán el prejuicio y expondrán nuestra obra a una notoriedad favorable. El más alto objetivo de los obreros de estas instituciones debe ser la salud espiritual de los pacientes. Puede hacerse una obra evangelística exitosa en conexión con la obra médica misionera. Es en la unión de estas líneas de trabajo donde podemos esperar reunir el más precioso fruto para el Señor.—Carta 202, 1903.{MM 33.2}
Monumentos recordativos para Dios
Nuestros sanatorios en todos sus departamentos deben ser monumentos para Dios, sus instrumentos para sembrar las semillas de la verdad en los corazones humanos. Esto serán si se los dirige adecuadamente.—Testimonies for the Church 6:225.{MM 33.3}
Para reformar las prácticas médicas
El uso de las drogas en nuestras instituciones es contrario a la luz que al Señor le ha placido darme. El negocio de la droga ha hecho más daño a nuestro mundo y ha matado a más personas de las que ha ayudado o curado. Según la luz que se me dio al principio en cuanto a por qué debían establecerse estas instituciones, esto es, los sanatorios, era para reformar las prácticas médicas de los facultativos.—Carta 69, 1898.{MM 33.4}
Un honor para Dios
El Dios del cielo es honrado por una institución manejada en esta forma. El sanatorio de _____ fue establecido de acuerdo con el plan divino, para que los hombres y las mujeres pudieran comprender mejor las virtudes del árbol de la vida. En su misericordia, Dios ha hecho del sanatorio tal poder en el alivio del sufrimiento físico, que miles son atraídos a él para ser curados de sus malestares; y muy a menudo, no sólo se curan físicamente, sino que reciben del Salvador el perdón de sus pecados y se identifican completamente con Cristo, con sus intereses y su honor. Sus pecados les son quitados y puestos en la cuenta de Cristo. Su justicia les es imputada. El bálsamo sanador se les aplica al alma. Reciben la gracia de Cristo y salen a impartir a otros la luz de la verdad. El Señor hace de ellos sus testigos. El testimonio de ellos es: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”. Ellos nunca olvidan las oraciones, los himnos de alabanza y agradecimiento que escucharon mientras estuvieron en el sanatorio. ¿Nos damos cuenta de cuánto es glorificado Dios por medio de esta obra?—Carta 38, 1899. {MM 33.5}
Para exaltar a Cristo
El propósito de nuestras instituciones de salud no es, por encima de todo, el mismo de los hospitales. Las instituciones de salud conectadas con la obra final del evangelio en la tierra representan los grandes principios del evangelio en toda su plenitud. Debe revelarse a Cristo en todas las instituciones que tienen relación con la obra final, pero ninguna de ellas puede hacerlo tan plenamente como la institución de salud donde el enfermo y doliente viene para hallar alivio y liberación de sus malestares tanto físicos como espirituales. Muchos de éstos, como el paralítico de antaño, necesitan el perdón del pecado primeramente; y después aprender lo que significa “vete, y no peques más”. {MM 34.1}
Si un sanatorio relacionado con este mensaje final no exalta a Cristo y los principios del evangelio como se muestran en el mensaje del tercer ángel, fracasa en su característica más importante y contradice el objeto mismo de su existencia.—The Review and Herald, 29 octubre 1914.{MM 35.1}
Cristo otorga alivio y curación
Se me ha dado la instrucción de que en nuestras instituciones debemos guiar a los enfermos a esperar grandes cosas debido a la fe del médico en el gran Sanador, quien en los años de su ministerio terrenal, fue por las ciudades y villas de la tierra sanando a todos los que vinieran a él. Ninguno fue enviado de vuelta vacío; él los sanó a todos. Permítase que el enfermo comprenda que, aunque invisible, Cristo está presente para traer alivio y curación.—Carta 82, 1908.{MM 35.2}
Para despertar fe en el gran sanador
Como seguidores de Cristo, debemos trabajar con todos los métodos racionales para predicar el evangelio de la verdad presente. Tenemos que dar evidencia, no solamente por medio de palabras sino por acciones, de que Cristo está deseoso hoy de unirse con sus ministros devotos para sanar al enfermo y doliente. El Señor restaurará en la mente de sus obreros una ardiente fe en su poder. Cuando crezcamos en la fe del evangelio de Cristo y la estimulemos como se presenta en la Palabra de Dios, habrá en nuestros sanatorios, no solamente un conocimiento práctico de cómo tratar a los enfermos de acuerdo con los principios correctos, también habrá una manifestación de la fe viviente en Dios que guiará a los obreros a apoyarse en el Gran Médico para obtener ayuda divina. Y el Señor vendrá para ayudar a los tales en respuesta a su fe en el poder divino.{MM 35.3}
Debido a que tenemos sanatorios para la curación de los enfermos, no debemos cesar de pedir la ayuda del Gran Sanador. Cuando se nos llama insistentemente a establecer sanatorios, no es únicamente para que dependamos de los remedios sencillos que se utilizan en ellos, sino para que dirijamos a los afligidos al Gran Sanador de la enfermedad. Debemos rogar que su poder obre en armonía con nuestros servicios médicos. La obra de nuestro sanatorio sería mucho más exitosa si los médicos leyeran la Palabra más fervientemente y colocaran sus preceptos en práctica, si predicaran el reino de Dios y oraran por la gracia sanadora de Cristo, para que ésta venga a los afligidos.{MM 36.1}
Presentemos el evangelio al enfermo, ligando a Jesús, el Gran Sanador, con los remedios sencillos que se usan; y nuestra fe viviente obtendrá respuesta. Pero los que se allegan al Gran Sanador deben estar dispuestos a hacer la voluntad de él, a humillar su alma y a confesar sus pecados. Al asirnos del poder divino con una fe que no sea negada, veremos la salvación de Dios.{MM 36.2}
Cristo declaró que vino a rescatar la vida de los hombres. Los seguidores de Cristo han de hacer esta obra, y deben hacerla con los medios más sencillos. Se debe enseñar a las familias cómo cuidar de los enfermos. La esperanza del evangelio debe revivir en el corazón de hombres y mujeres. Debemos buscar atraerlos al Gran Sanador. Que los médicos obren inteligentemente en el desempeño del ministerio de curación, no con drogas, sino siguiendo métodos racionales. Entonces, por medio de la oración de fe, que se cimienten en el poder de Dios para detener el progreso de la enfermedad. Esto inspirará en los dolientes fe en Cristo y en el poder de la oración, y les dará confianza en nuestros métodos sencillos de tratar la enfermedad. Tal obra será un medio de dirigir las mentes a la verdad, y será sumamente eficaz en la obra del ministerio evangélico.—Carta 126, 1909. {MM 36.3}

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