El dominio del apetito

El dominio del apetito
La falta de dominio propio es el primer pecado
229. Adán y Eva en el Edén eran de noble estatura, y perfectos en simetría y belleza. Eran sin pecado, y tenían perfecta salud. ¡Qué contraste con la raza humana actual! La belleza ha desaparecido. La perfecta salud es desconocida. Doquiera que miremos vemos enfermedad, deformidad e imbecilidad. He averiguado las causas de esta sorprendente degeneración, y se me señaló el Edén. La hermosa Eva fue seducida por la serpiente a comer de la fruta del único árbol del cual Dios les había prohibido comer, o aun tocar, para no morir.{CRA 171.1}
Eva tenía todo lo que podía hacerla feliz. Estaba rodeada de frutas de toda variedad. Sin embargo el fruto del árbol prohibido apareció más deseable a sus ojos que el fruto de todos los otros árboles del huerto de los cuales podía comer libremente. Fue intemperante en sus deseos. Comió, y por su influencia, su esposo también comió, y una maldición descansó sobre ambos. La tierra también fue maldecida a causa del pecado de ellos. Y desde la caída, ha existido la intemperancia en casi todas sus formas. El apetito ha dominado la razón. La familia humana ha seguido una conducta de desobediencia, y como Eva, ha sido engañada por Satanás para descuidar las prohibiciones que Dios ha establecido, haciéndose la ilusión de que las consecuencias no serían tan terribles como se había creído. La familia humana ha violado las leves de la salud, v ha ido a los excesos en casi todo. La enfermedad ha estado aumentando firmemente. La causa ha sido seguida por el efecto.—Spiritual Gifts 4:120 (1864). {CRA 171.2}
Los días de Noé y los nuestros
230. Jesús, sentado en el monte de los Olivos, dio instrucciones a sus discípulos concernientes a las señales que precederían a su venida: “Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del hombre”.Mateo 24:37-39. Los mismos pecados que trajeron los juicios sobre el mundo de los días de Noé, existen en nuestro tiempo. Los hombres y las mujeres llevan hoy su comer y beber tan lejos que degenera en glotonería y embriaguez. Este pecado prevaleciente, la complacencia de un apetito pervertido, inflamó las pasiones de los hombres en los días de Noé, y produjo una corrupción generalizada. La violencia y el pecado alcanzaron hasta el cielo. Esta corrupción moral fue finalmente eliminada de la tierra por medio del diluvio. Los mismos pecados de glotonería y embriaguez entenebrecieron las sensibilidades morales de los habitantes de Sodoma, de manera que el crimen parecía ser la delicia de hombres y mujeres en aquella ciudad malvada. Jesús amonesta así al mundo: “Asimismo como sucedió en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; mas el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos. Así será el día en que el Hijo del hombre se manifieste”. Lucas 17:28-30.{CRA 172.1}
Cristo nos ha dejado aquí una muy importante lección. El quiere presentarnos el peligro en que estamos de hacer de nuestro comer y beber lo principal. El presenta el resultado de una complacencia no restringida del apetito. Las facultades morales se debilitan, de manera que el pecado ya no parece pecaminoso. El crimen es considerado con liviandad, y la pasión controla la mente, hasta que los buenos principios e impulsos son desarraigados, y Dios es blasfemado. Todo esto es el resultado de comer v beber en exceso. Esta es la misma condición que Cristo declara que existirá en ocasión de su segunda venida. {CRA 172.2}
El Salvador nos presenta algo más elevado por lo cual luchar que meramente lo que hemos de comer y beber, y lo que necesitamos para cubrirnos. El comer, el beber y el vestirse son llevados a tales excesos que se convierten en crímenes. Se encuentran entre las señales destacadas de los últimos días, y constituyen una señal de la próxima venida de Cristo. El tiempo, el dinero y la energía que pertenecen al Señor, pero que él nos ha confiado, son malgastados en superfluidades en materia de vestidos y lujos para el apetito pervertide, los cuales disminuyen la vitalidad y acarrean sufrimiento y decadencia. Es imposible presentar nuestros cuerpos como sacrificio vivo a Dios cuando continuamente los llenamos de corrupción y enfermedad debido a nuestra complacencia pecaminosa.—Christian Temperance and Bible Hygiene, 11, 12;Counsels on Health, 23, 24 (1890).{CRA 173.1}
231. Una de las más fuertes tentaciones a que el hombre tiene que hacer frente es la del apetito. En el comienzo el Señor hizo al hombre recto. Fue creado con una mente del todo equilibrada, y el tamaño y la fuerza de todos sus órganos estaban plena y armoniosamente desarrollados. Pero debido a las seducciones del artero enemigo, la prohibición de Dios fue desatendida, y las leyes de la naturaleza exigieron su completo castigo…{CRA 173.2}
Desde la primera vez que el género humano se rindió al apetito, la complacencia propia ha seguido aumentando, hasta el punto de que la salud ha sido sacrificada sobre el altar del apetito. Los habitantes del mundo antediluviano eran intemperantes en el comer y beber. Querían tener carne, aunque Dios en ese tiempo no le había dado al hombre permiso para consumir alimentos animales. Comieron y bebieron hasta que la complacencia de su apetito depravado no conoció límites, y entonces se corrompieron tanto que Dios no los pudo soportar más. Su copa de iniquidad se llenó, y el Señor limpió a la tierra de esta contaminación moral por medio del diluvio.—Christian Temperance and Bible Hygiene, 42, 43;Counsels on Health, 108-110 (1890). {CRA 173.3}
Sodoma y Gomorra
Cuando los hombres se multiplicaron sobre la tierra después del diluvio, de nuevo olvidaron a Dios, y corrompieron sus caminos delante de él. La intemperancia en toda forma aumentó, hasta que casi todo el mundo se había entregado a ella. Ciudades enteras han sido eliminadas de la faz de la tierra por los crímenes degradantes y las repugnantes iniquidades que las convertían en una mancha en el hermoso campo de las obras creadas por Dios. La gratificación del apetito antinatural condujo a los pecados que causaron la destrucción de Sodoma y Gomorra. Dios adjudica la caída de Babilonia a su glotonería y embriaguez. La complacencia del apetito y la pasión eran el fundamento de todos sus pecados.{CRA 174.1}
Esaú vencido por el apetito
232. Esaú codició un plato favorito, y sacrificó su primogenitura para complacer el apetito. Después que su apetito concupiscente hubo sido gratificado, vio su locura, pero no halló oportunidad de arrepentirse, aunque trató de hacerlo cuidadosamente y con lágrimas. Hay muchísimas personas que son iguales que Esaú. El representa a una clase que tiene una bendición especial y valiosa a su alcance—la herencia inmortal, una vida tan perdurable como la vida de Dios, el Creador del universo, felicidad inconmensurable, y un eterno peso de gloria—pero que hasta ahora han complacido su apetito, sus pasiones y sus inclinaciones, de tal manera que su poder de discernir y apreciar el valor de las cosas eternas está debilitado. {CRA 174.2}
Esaú sintió un fuerte deseo especial de un alimento definido, y por tanto tiempo había complacido el yo que no sintió la necesidad de abstenerse del plato tentador y codiciado. Siguió pensando en él sin hacer ningún esfuerzo especial para reprimir su deseo, hasta que el poder del apetito venció toda otra consideración, y lo dominó, de manera que imaginó que sufriría gran inconveniente, y aun la muerte, si no podía tener aquel plato particular. Cuanto más pensaba en el asunto, más se fortalecía su deseo, hasta que su primogenitura, que era tan sagrada, perdió su valor y su carácter sagrado.—Testimonies for the Church 2:38 (1868).{CRA 175.1}
La codicia de Israel por la carne
233. Cuando el Dios de Israel sacó a sus hijos de Egipto, los mantuvo en gran medida privados de la carne, pero les dio pan del cielo, y agua de la dura roca. Mas no se manifestaron satisfechos con esto. Detestaron el alimento que se les había dado, y desearon verse de vuelta en Egipto, donde podían sentarse ante las ollas de carne. Preferían soportar la esclavitud, y aun la muerte, antes que verse privados de la carne. Dios les concedió su deseo, dándoles carne, y dejando que comieran hasta que su glotonería produjo una plaga, de la cual muchos murieron.—Christian Temperance and Bible Hygiene, 43, 44; Counsels on Health, 111, 112 (1890).{CRA 175.2}
Todos estos son ejemplos
Ejemplo tras ejemplo podría citarse para mostrar los efectos de entregarse al apetito. Les pareció un asunto de poca monta a nuestros primeros padres transgredir el mandamiento de Dios en ese solo hecho: comer de un árbol que era tan hermoso a la vista y tan agradable al gusto; pero esto quebrantó su lealtad a Dios, y abrió las puertas a una ola de culpabilidad y miseria que ha inundado el mundo. {CRA 175.3}
El mundo de hoy
El crimen y la enfermedad han aumentado con cada generación. La intemperancia en el comer y beber, y la satisfacción de las pasiones más bajas, han entenebrecido las facultades más nobles del hombre. La razón, en lugar de ser lo que domina, ha llegado a convertirse en el esclavo del apetito en un grado alarmante. La gente ha complacido un deseo progresivo por los alimentos suculentos, hasta el punto de que ha llegado a estar de moda el atiborrar el estómago de toda clase posible de esos alimentos. Especialmente en reuniones de placer, el apetito es complacido sin restricciones. Se sirven cenas suculentas y tardías, que consisten en carnes muy sazonadas, con salsas concentradas, tortas, pasteles, helados, té, café, etc. No es de admirar que con un régimen semejante, la gente tenga una complexión pálida, y sufra de incontables agonías a causa de la dispepsia.{CRA 176.1}
234. Me fue presentado el actual estado de corrupción del mundo. El espectáculo era terrible. Me he admirado de cómo los habitantes de la tierra no fueron destruidos, como la gente de Sodoma y Gomorra. He visto que hay razón suficiente para el actual estado de degeneración y mortalidad en el mundo. La pasión ciega controla la razón, y en muchos casos toda consideración elevada se sacrifica a la lujuria.{CRA 176.2}
El primer gran mal fue la intemperancia en el comer y beber. Los hombres y las mujeres se han hecho esclavos del apetito. Son intemperantes en el trabajo. Trabajan exagerada y arduamente para preparar para sus mesas alimentos que perjudican grandemente el organismo ya recargado. Las mujeres gastan una gran parte de su tiempo frente a una cocina prendida, preparando alimentos muy sazonados con especias para complacer el gusto. Y como consecuencia de esto, los niños son descuidados y no reciben instrucción moral y religiosa. La madre sobrecargada descuida el cultivo de un temperamento dulce, que es como el brillo del sol en la casa. Consideraciones eternas llegan a ser secundarias. Todo el tiempo ha de ser empleado en la preparación de estas cosas para el apetito que arruina la salud, agría el temperamento y entenebrece las facultades de razonamiento.—Spiritual Gifts 4:131, 132 (1864). {CRA 176.3}
235. Encontramos personas intemperantes por doquiera. Las hallamos en los trenes, en los barcos, y por todas partes. Y debemos preguntarnos qué estamos haciendo para rescatar a las almas del lazo del tentador. Satanás se halla constantemente alerta para colocar por completo bajo su dominio a la raza humana. La forma más poderosa en que él hace presa del hombre es el apetito, que trata de estimular de toda manera posible. Todos los excitantes antinaturales son perjudiciales, y cultivan el deseo por el alcohol. ¿Cómo podemos iluminar a la gente, y evitar los terribles males que resultan del uso de estas cosas? ¿Hemos hecho todo lo que podemos en este sentido?—Christian Temperance and Bible Hygiene, 16 (1890).{CRA 177.1}
Adorando en el santuario del apetito pervertido
236. Dios ha concedido grande luz a este pueblo, aunque no estamos fuera del alcance de la tentación. ¿Quiénes de entre nosotros están solicitando ayuda a los dioses de Ecrón? Miramos este cuadro, que no ha sido trazado por la imaginación. ¿En cuántos, aun de entre los adventistas, pueden verse sus principales características? Un inválido—aparentemente muy concienzudo, pero fanático y lleno de suficiencia propia—confiesa libremente su desprecio por las leyes de la vida y la salud, que la misericordia divina nos ha inducido a aceptar como pueblo. Sus alimentos deben ser preparados de una manera que satisfaga sus anhelos mórbidos. Más bien que sentarse a una mesa donde se provea alimento sano, patrocina los restaurantes donde puede satisfacer su apetito sin restricción. Locuaz defensor de la temperancia, desprecia sus principios fundamentales. Quiere alivio, pero se niega a obtenerlo al precio de la abnegación. Este hombre está adorando ante el altar del apetito pervertido. Es un idólatra. Las facultades que, santificadas y ennoblecidas, podrían ser empleadas para honrar a Dios, son debilitadas y hechas de poca utilidad. Un genio irritable, una mente confusa y nervios desquiciados, se cuentan entre los resultados de ese desprecio de las leyes naturales. Este hombre no es digno de confianza ni eficiente.—Joyas de los Testimonios 2:55, 56. {CRA 177.2}
La victoria de Cristo en nuestro favor
237. En el desierto de la tentación Cristo hizo frente a las grandes tentaciones fundamentales que habían de asaltar al hombre. Allí se encontró solo con el enemigo sutil y astuto, y lo venció. La primera gran tentación actuó sobre el apetito; la segunda, sobre la presunción; la tercera, sobre el amor al mundo. Satanás ha vencido a millones tentándolos a la complacencia del apetito. Por medio de la gratificación del gusto, el sistema nervioso se excita y el poder del cerebro se debilita, haciendo imposible pensar con calma y en forma racional. La mente se desequilibra. Sus facultades más altas y más nobles son pervertidas para servir a la lujuria animal, y los intereses sagrados y eternos son desatendidos. Cuando se obtiene este objetivo, Satanás puede venir con sus otras dos principales tentaciones y hallar acceso libre. Sus múltiples tentaciones surgen de estos tres grandes puntos principales.—Testimonies for the Church 4:44 (1876).{CRA 178.1}
238. De todas las lecciones que se desprenden de la primera gran tentación de nuestro Señor, ninguna es más importante que la relacionada con el dominio de los apetitos y pasiones. En todas las edades, las tentaciones atrayentes para la naturaleza física han sido las más eficaces para corromper y degradar a la humanidad. Mediante la intemperancia, Satanás obra para destruir las facultades mentales y morales que Dios dio al hombre como un don inapreciable. Así viene a ser imposible para los hombres apreciar las cosas de valor eterno. Mediante la complacencia de los sentidos, Satanás trata de borrar del alma todo vestigio de la semejanza divina.{CRA 179.1}
La sensualidad irrefrenada y la enfermedad y degradación consiguientes, que existían en tiempos del primer advenimiento de Cristo, existirán, con intensidad agravada, antes de su segunda venida. Cristo declara que la condición del mundo será como en los días anteriores al diluvio, y como en tiempos de Sodoma y Gomorra. Todo intento de los pensamientos del corazón será de continuo el mal. Estamos viviendo en la víspera misma de ese tiempo pavoroso, y la lección del ayuno del Salvador debe grabarse en nuestro corazón. Únicamente por la indecible angustia que soportó Cristo podemos estimar el mal que representa el complacer sin freno los apetitos. Su ejemplo demuestra que nuestra única esperanza de vida eterna consiste en sujetar los apetitos y pasiones a la voluntad de Dios.—El Deseado de Todas las Gentes, 97, 98 (1898).{CRA 179.2}
Mirad al salvador
En nuestra propia fortaleza, nos es imposible negarnos a los clamores de nuestra naturaleza caída. Por su medio, Satanás nos presentará tentaciones. Cristo sabía que el enemigo se acercaría a todo ser humano para aprovecharse de las debilidades hereditarias y entrampar, mediante sus falsas insinuaciones, a todos aquellos que no confían en Dios. Y recorriendo el terreno que el hombre debe recorrer, nuestro Señor ha preparado el camino para que venzamos. No es su voluntad que seamos puestos en desventaja en el conflicto con Satanás. No quiere que nos intimiden ni desalienten los asaltos de la serpiente. “Tened buen ánimo—dice—; yo he vencido al mundo”. Juan 16:33, VM. {CRA 179.3}
Considere al Salvador en el desierto de la tentación todo aquel que lucha contra el poder del apetito. Véalo en su agonía sobre la cruz cuando exclamó: “Sed tengo”. Juan 19:28, VM. El padeció todo lo que nos puede tocar sufrir. Su victoria es nuestra.{CRA 180.1}
Jesús confió en la sabiduría y fuerza de su Padre celestial. Declara: “Jehová el Señor me ayudará; por tanto no he sido abochornado…; y sé que no seré avergonzado… He aquí que Jehová me ayudará”. Isaías 50:7-9, VM. Llamando la atención a su propio ejemplo, él nos dice: “¿Quién hay de entre vosotros que teme a Jehová…, que anda en tinieblas y no tiene luz? ¡Confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios!” Isaías 50:10.{CRA 180.2}
“Viene el príncipe de este mundo—dice Jesús—; mas no tiene nada de mí”. Juan 14:30, VM. No había en él nada que respondiera a los sofismas de Satanás. El no consintió en pecar. Ni siquiera por un pensamiento cedió a la tentación. Así también podemos hacer nosotros. La humanidad de Cristo estaba unida con la divinidad. Fue hecho idóneo para el conflicto mediante la permanencia del Espíritu Santo en él. Y él vino para hacernos participantes de la naturaleza divina. Mientras estemos unidos con él por la fe, el pecado no tendrá dominio sobre nosotros. Dios extiende su mano para alcanzar la mano de nuestra fe y dirigirla a asirse de la divinidad de Cristo, a fin de que nuestro carácter pueda alcanzar la perfección.{CRA 180.3}
239. Satanás viene al hombre como vino a Cristo, con su muy poderosa tentación a complacer el apetito. Bien conoce su poder para vencer al hombre en este punto. Venció a Adán y Eva en el Edén en el terreno del apetito, y ellos perdieron su hogar bendito. Lo que acumulara miseria y crimen ha llenado nuestro mundo después de la caída de Adán. Ciudades enteras han sido borradas de la faz de la tierra por los crímenes degradantes y la iniquidad odiosa que las han convertido en una mancha en el universo. La complacencia del apetito fue el fundamento de todos esos pecados.—Testimonies for the Church 3:561 (1875). {CRA 180.4}
240. Cristo comenzó la obra de redención en el preciso lugar donde comenzó la ruina. Su primera prueba tuvo que ver precisamente con el punto en que Adán falló. Fue por medio de las tentaciones dirigidas contra el apetito como Satanás había vencido a una gran proporción de la raza humana, y su éxito le había hecho sentir que el dominio de este planeta caído estaba en sus manos. Pero en Cristo él encontró a alguien que era capaz de resistirlo, y abandonó el campo de batalla como un enemigo vencido. Jesús dice: “No tiene nada en mí”. Su victoria es una seguridad de que nosotros también podemos salir victoriosos en nuestros conflictos con el enemigo. Pero no es el propósito de nuestro Padre celestial salvarnos sin un esfuerzo de nuestra parte para cooperar con Cristo. Debemos desempeñar nuestra parte, y el poder divino, uniéndose con el esfuerzo humano, producirá la victoria.—Christian Temperance and Bible Hygiene, 16 (1890).{CRA 181.1}
El ejemplo de la victoria de Daniel
241. Las tentaciones a complacer el apetito representan un poder capaz de ser vencido sólo con la ayuda que Dios puede impartir. Pero con cada tentación tenemos la promesa de Dios de que habrá una vía de escape. ¿Por qué, entonces, tantos son vencidos? Es porque no ponen su confianza en Dios. No se valen de los medios provistos para su seguridad. Las excusas ofrecidas para la complacencia del apetito pervertido no tienen, por lo tanto, peso alguno ante Dios.{CRA 182.1}
Daniel evaluaba su capacidad humana, pero no confió en ella. Su confianza estaba puesta en la fuerza que Dios ha prometido a todos los que acuden a él con humilde dependencia, descansando plenamente en su poder.{CRA 182.2}
Propuso en su corazón de no contaminarse con la porción de la carne del rey, ni con el vino de su beber; porque sabía que un régimen semejante no fortalecería sus facultades ni aumentaría su capacidad mental. No quería usar vino, ni ningún otro estimulante antinatural; no quería hacer nada que oscureciera su mente; y Dios le dio “conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias”, y también “entendimiento en toda visión y sueños”. Daniel 1:17{CRA 182.3}
Los padres de Daniel lo habían educado en su niñez en hábitos de estricta temperancia. Le habían enseñado que debía conformarse a las leyes de la naturaleza en todos sus hábitos; que su comer y beber tenían una influencia directa sobre su naturaleza física, mental y moral, y que era tenido por responsable, delante de Dios, por sus capacidades; pues él las consideraba todas como dones de Dios, y no debía empequeñecerlas o destruirlas por ningún proceder suyo. Como resultado de esta enseñanza, la ley de Dios fue exaltada en su mente, y reverenciada en su corazón. Durante los primeros años de su cautividad, Daniel estaba pasando por una gran prueba que habría de familiarizarlo con la pompa, la hipocresía y el paganismo de la corte. ¡Por cierto que era una extraña escuela para prepararlo para una vida de sobriedad, trabajo y fidelidad! Y sin embargo vivió sin ser corrompido por la atmósfera del mal de la cual estaba rodeado. {CRA 182.4}
La experiencia de Daniel y de sus jóvenes compañeros ilustra los beneficios que pueden resultar de un régimen abstemio, y muestra lo que Dios hará en beneficio de los que cooperan con él en la purificación y elevación de las almas. Ellos fueron un honor para Dios, y una luz brillante en la corte de Babilonia.{CRA 183.1}
En esta historia oímos la voz de Dios que se dirige a nosotros individualmente y nos pide que reunamos todos los rayos de luz con respecto a este tema de la temperancia cristiana, para colocarnos en la debida relación con las leyes de la salud.—Christian Temperance and Bible Hygiene, 22, 23 (1890).{CRA 183.2}
242. ¿Qué hubiera acontecido si Daniel y sus compañeros hubieran transigido con aquellos funcionarios paganos, y hubieran cedido ante la presión del momento, comiendo y bebiendo como era costumbre para los babilonios? Ese solo caso de apartamiento de los principios habría debilitado su sentido de lo justo y su aborrecimiento de lo malo. La complacencia del apetito habría comportado el sacrificio del vigor físico, la claridad intelectual y el poder espiritual. Un paso equivocado probablemente habría conducido a otros, de manera que, cortada su relación con el cielo, habrían sido apartados por la tentación.—The Review and Herald, 25 de enero de 1881; Counsels on Health, 66.{CRA 183.3}
Nuestro deber cristiano
243. Cuando nos demos cuenta de los requerimientos de Dios, veremos que él nos pide que seamos temperantes en todas las cosas. El propósito de nuestra creación es glorificar a Dios en nuestro cuerpo y en nuestro espíritu que son de él. ¿Cómo podremos hacerlo cuando complacemos el apetito en perjuicio de las facultades físicas y morales? Dios exige que presentemos nuestros cuerpos como sacrificio vivo. Entonces se nos impone el deber de preservar este cuerpo en la mejor condición de salud, a fin de poder cumplir con sus requisitos. “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios”. 1 Corintios 10:31.—Testimonies for the Church 2:65 (1868).{CRA 184.1}
244. El apóstol Pablo escribe: “¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado”. 1 Corintios 9:24-27.{CRA 184.2}
Hay muchos en el mundo que complacen hábitos perniciosos. El apetito es la ley que los gobierna. Y debido a sus hábitos erróneos, el sentido moral es oscurecido y el poder de discernir cosas sagradas es destruido en gran medida. Pero es necesario que los cristianos sean estrictamente temperantes. Deben colocar la norma alta. La temperancia en el comer, beber y vestir es esencial. Los principios deben tener la primacía en lugar del apetito o la fantasía. Los que comen demasiado, o que ingieren alimentos de una clase objetable, son fácilmente inducidos a la disipación, y a las otras “codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición”. 1 Timoteo 6:9. Los “colaboradores de Dios” deben usar todo ápice de su influencia para estimular la siembra de los verdaderos principios de la temperancia. {CRA 184.3}
Significa mucho ser leal a Dios. El tiene derechos sobre todos los que están empeñados en su servicio. El desea que la mente y el cuerpo sean preservados en la mejor condición de salud, y que toda facultad y atributo se hallen bajo el dominio divino, y que sean tan vigorosos como los hábitos de cuidado y estricta temperancia puedan hacerlos. Estamos bajo una obligación ante Dios: la de hacer una consagración sin reserva de nosotros mismos a él, en cuerpo y alma, con todas las facultades apreciadas como dones que él nos confiara, para ser empleados en su servicio.{CRA 185.1}
Todas nuestras energías y capacidades han de ser constantemente fortalecidas y mejoradas durante este período de prueba. Solamente los que aprecian estos principios, y han sido educados a cuidar de sus cuerpos inteligentemente y en el temor de Dios, deben ser elegidos para asumir responsabilidades en esta obra. Los que han estado por mucho tiempo en la verdad, y sin embargo no pueden distinguir entre los principios puros de justicia, y los principios del mal, cuya comprensión con respecto a la justicia, la misericordia y el amor de Dios están entenebrecidos, deben ser relevados de sus responsabilidades. Toda iglesia necesita un testimonio claro y preciso, que dé a la trompeta un sonido certero.{CRA 185.2}
Si podemos despertar la sensibilidad moral de nuestros hermanos sobre el tema de la temperancia, se ganará una gran victoria. Ha de enseñarse y practicarse la temperancia en todas las cosas de esta vida. La temperancia en el comer, en el beber, en el dormir, en el vestir, es uno de los grandes principios de la vida religiosa. La verdad colocada en el santuario del alma guiará en el tratamiento del cuerpo. Nada que concierna a la salud del agente humano ha de considerarse con indiferencia. Nuestro bienestar eterno depende del uso que hagamos durante esta vida de nuestro tiempo, nuestra energía e influencia.—Testimonies for the Church 6:374, 375 (1900). {CRA 185.3}
Esclavos del apetito
245. Hay una clase que profesa creer la verdad, que no usa tabaco, rapé, té o café, y que sin embargo es culpable de gratificar el apetito de una manera diferente. Anhelan con vehemencia carnes muy sazonadas, con salsas concentradas, y su apetito se ha pervertido tanto que no pueden satisfacerse siquiera con carne, a menos que se la prepare de una manera muy perjudicial. El estómago resulta afiebrado, los órganos digestivos son recargados, y sin embargo el estómago trabaja duramente para deshacerse de la carga que se le impuso por la fuerza. Después que el estómago ha realizado su tarea está exhausto, lo cual causa languidez. Aquí muchos son engañados, y piensan que es la falta de alimentos lo que produce tal sensación, y sin dar al estómago tiempo para descansar, toman más alimentos, que por el momento quitan la languidez. Y cuanto más se complazca el apetito, mayores serán sus clamores para ser gratificado. Estas languideces son generalmente el resultado de comer carne, y comerla con frecuencia, y en gran cantidad…{CRA 186.1}
Debido a que está de moda, y de acuerdo con el apetito mórbido, se atiborra el estómago de tortas, budines y pasteles concentrados, y de toda cosa dañina. La mesa debe estar cargada con una variedad de alimentos, o de otra manera el apetito depravado no resulta satisfecho. Por la mañana, estos esclavos del apetito a menudo tienen un aliento impuro, y una lengua saburrosa. No disfrutan de salud, y se preguntan por qué tienen dolor de cabeza y diferentes malestares. Muchos comen tres veces por día, y de nuevo antes de ir a la cama. En poco tiempo los órganos digestivos resultan gastados, porque no han tenido tiempo de descansar. Estas personas se convierten en miserables dispépticos, y se admiran de cómo han llegado a esa condición. La causa ha traído sus seguros resultados. No debe tornarse una segunda comida hasta que el estómago haya tenido tiempo de descansar del trabajo de digerir la comida previa. Si de todas maneras se consume otra comida en el día, ésta debe ser liviana, y varias horas antes de ir a la cama. {CRA 186.2}
Muchos están tan dedicados a la intemperancia que no cambiarán su proceder de complacer la glotonería bajo ninguna consideración. Antes sacrificarían la salud, y morirían prematuramente, que restringir su apetito intemperante. Y hay muchos que son ignorantes de la relación que su comer y beber tiene con la salud. Si los tales fueran iluminados, podrían tener valor moral para renunciar a su apetito, y comer en forma más espaciada, y sólo la clase de alimentos que son saludables; así, mediante su propia conducta, se ahorrarían una gran cantidad de sufrimientos.—Spiritual Gifts 4:129-131 (1864).{CRA 187.1}
Educad el apetito
Las personas que han acostumbrado su apetito a comer libremente carnes, salsas muy sazonadas y diversas clases de tortas y conservas concentradas, no pueden saborear inmediatamente un menú sano y nutritivo. Su gusto está tan pervertido que no tienen apetito por un menú sano de frutas, pan sencillo y verduras. No necesitan esperar que de primera intención les gustará un alimento tan diferente de aquel que se han complacido en comer. Si al comienzo no pueden disfrutar de alimentos sencillos, deben ayunar hasta que lo puedan hacer. El ayuno resultará para ellos de mayor beneficio que la medicina, pues el estómago del cual se ha abusado encontrará el descanso que por mucho tiempo ha necesitado, y el hambre verdadera puede ser satisfecha con un régimen sencillo. Se requerirá tiempo para que el gusto se recupere de los abusos que ha recibido, y para obtener de nuevo su tono natural. Pero la perseverancia en una conducta de negación propia en materia de comida y bebida pronto hará sabroso un régimen sencillo y sano, y pronto éste será consumido con mayor satisfacción de lo que un sibarita goza de sus bocados exquisitos. {CRA 187.2}
El estómago no está afiebrado con la carne, ni está abrumado, sino que se halla en una condición saludable, y puede realizar con rapidez su tarea. No debe haber demora en la reforma. Deben hacerse esfuerzos para preservar cuidadosamente las fuerzas restantes de las energías vitales, deshaciéndose de toda carga abrumadora. El estómago no podrá nunca recuperar plenamente su salud, pero la debida clase de alimento evitará mayor debilidad, y muchos se recuperarán más o menos, a menos que hayan ido demasiado lejos en la glotonería suicida.{CRA 188.1}
Los que se permiten llegar a ser esclavos de un apetito glotón, a menudo van todavía más allá, y se rebajan a sí mismos complaciendo sus corruptas pasiones, que han sido excitadas por la intemperancia en el comer y beber. Dan rienda suelta a sus pasiones degradantes, hasta que la salud y el intelecto sufren grandemente. La facultad de razonar es destruida en gran medida por los hábitos.{CRA 188.2}
El efecto de la complacencia física, mental y moral
246. Muchos estudiantes son deplorablemente ignorantes del hecho de que el régimen alimenticio ejerce una poderosa influencia sobre la salud. Algunos nunca han realizado un esfuerzo determinado para gobernar su apetito, o para observar las debidas reglas con respecto al régimen. Comen demasiado, en las horas regulares, y algunos comen entre horas cuando quiera que se presente la tentación. Si los que profesan ser cristianos desean resolver la pregunta que tanta perplejidad les causa, de por qué sus mentes son lentas, por qué sus aspiraciones religiosas son tan débiles, no necesitan, en muchos casos, ir más lejos que la mesa; aquí hay una causa suficiente, aunque no hubiere ninguna otra.{CRA 188.3}
Muchos se separan a sí mismos de Dios por la complacencia de su apetito. El que toma nota de la caída de un gorrión, el que ha contado los cabellos de nuestra cabeza, toma nota del pecado de los que complacen un apetito pervertido a expensas del debilitamiento de las facultades físicas, entorpeciendo el intelecto y amortiguando las percepciones morales.—Christian Temperance and Bible Hygiene, 83 (1890).{CRA 189.1}
Un día futuro de remordimiento
247. Muchos están incapacitados para trabajar tanto mental como físicamente porque comen con exceso y satisfacen las pasiones concupiscentes. Las propensiones animales son fortalecidas, mientras que la naturaleza moral y espiritual queda debilitada. Cuando estemos en derredor del gran trono blanco, ¿qué informe presentará la vida de muchos? Entonces verán lo que podrían haber hecho si no hubiesen degradado las facultades que Dios les dio. Entonces comprenderán a qué altura de grandeza intelectual podrían haber alcanzado, si hubiesen dado a Dios toda la fuerza física y mental que les había confiado. En la agonía de su remordimiento, anhelarán poder volver a vivir de nuevo su vida.—Joyas de los Testimonios 2:30 (1882).{CRA 189.2}
[Efectos sobre la mente y el cuerpo del comer en exceso—219, 220]{CRA 189.3}
El apetito antinatural debe ser restringido
248. La Providencia ha estado guiando al pueblo de Dios para sacarlo de los hábitos extravagantes del mundo, de lacomplacencia del apetito y de la pasión, a fin de que asuma una posición firme sobre la plataforma de la negación del yo, y de la temperancia en todas las cosas. El pueblo a quien Dios está guiando será un pueblo peculiar. No será como el mundo. Si los hijos de Dios siguen las directivas divinas, realizarán los propósitos del Señor, y rendirán su voluntad a la voluntad de él. Cristo habitará en su corazón. El templo de Dios será santo. Vuestro cuerpo, dice el apóstol, es el templo del Espíritu Santo. Dios no exige que sus hijos se nieguen a sí mismos para perjuicio de su fortaleza física. El les pide que obedezcan las leyes naturales, a fin de preservar su salud física. La senda de la naturaleza es el camino que él nos señala, y es un camino suficientemente ancho para todo cristiano. Con pródiga mano Dios nos ha provisto de una rica y variada abundancia para nuestro sustento y para nuestro gozo. Pero a fin de disfrutar del apetito natural, que preservará la salud y prolongará la vida, él restringe el apetito. El dice: ¡Cuidado, restricción, negación, apetito antinatural! Si creamos un apetito pervertido, violamos las leyes de nuestro ser, y asumimos la responsabilidad de abusar de nuestros cuerpos y de acarrearnos enfermedad.—Christian Temperance and Bible Hygiene, 150, 151 (1890). {CRA 189.4}
249. Los que han recibido instrucciones acerca de los peligros del consumo de carne, té, café y alimentos demasiado condimentados o malsanos, y quieran hacer un pacto con Dios por sacrificio, no continuarán satisfaciendo sus apetitos con alimentos que saben son malsanos. Dios pide que los apetitos sean purificados y que se renuncie a las cosas que no son buenas. Esta obra debe ser hecha antes que su pueblo pueda estar delante de él como un pueblo perfecto.—Joyas de los Testimonios 3:354 (1909).{CRA 190.1}
250. Dios no ha cambiado, ni se propone cambiar nuestro organismo físico, a fin de que podamos violar una sola ley sin sentir los efectos de esta violación. Pero muchos cierran voluntariamente sus ojos a la luz… Al complacer sus inclinaciones y apetitos, violan las leyes de la vida y la salud; y si obedecen a la conciencia, deben estar controlados por los principios en su comer y vestir, en vez de ser guiados por la inclinación, la moda y el apetito.—The Health Reformer, septiembre de 1871. {CRA 190.2}
 
La utilidad de los obreros de Dios depende de que dominen su apetito
251. Presente Ud. ante el pueblo la necesidad de resistir la tentación de complacer el apetito. Es aquí donde muchos fallan. Explique cuán estrechamente relacionados están la mente y el cuerpo, y muestre la necesidad de guardar a ambos en la mejor condición posible…{CRA 191.1}
Todos los que complacen el apetito, malgastan las energías físicas, y debilitan el poder moral, tarde o temprano sentirán la retribución que sigue a la transgresión de la ley física.{CRA 191.2}
Cristo dio su vida para comprar la redención del pecador. El Redentor del mundo sabía que la complacencia del apetito estaba acarreando debilidad física y amorteciendo las facultades perceptivas, de tal manera que las cosas sagradas y eternas no pudieran ser discernidas. El sabía que la complacencia propia estaba pervirtiendo las facultades morales, y que la gran necesidad del hombre era la conversión: una conversión del corazón, de la mente y del alma, conversión de una vida de complacencia propia a una vida de negación del yo y de abnegación. Quiera el Señor ayudarlo a Ud. como su siervo a apelar a los ministros y a despertar a las iglesias dormidas. Que el trabajo que Ud. hace como médico y ministro esté en armonía con los principios. Es con este propósito con el cual nuestros sanatorios están establecidos, para predicar la verdadera temperancia…{CRA 191.3}
Como pueblo, necesitamos una reforma, y especialmente la necesitan los ministros y maestros de la Palabra. He sido instruida para decir a nuestros ministros y a los presidentes de nuestras asociaciones: Vuestra utilidad como obreros para Dios en la obra de rescatar a las almas que perecen, depende mucho de vuestro éxito en dominar el apetito. Dominad el deseo de gratificar el apetito, y si lo hacéis, vuestras pasiones serán fácilmente dominadas. Entonces vuestras facultades mentales y morales serán más fuertes. “Y ellos le han vencido… por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos”.—Carta 158, 1909. {CRA 191.4}
Un ruego a los colaboradores
252. El Señor os ha escogido para hacer su obra, y si trabajáis con cuidado, con prudencia, y ponéis vuestros hábitos en el comer en perfecta sujeción al conocimiento que tenéis y a la razón, tendréis horas mucho más placenteras y agradables que si actuáis imprudentemente. Aplicad los frenos, resistid vuestro apetito, colocándolo bajo estricto control, y entonces abandonaos en las manos de Dios. Prolongad vuestra vida por una cuidadosa vigilancia de vosotros mismos.—Carta 49, 1892.{CRA 192.1}
La conducta abstemia aumenta el vigor
253. Los hombres que se dedican a dar el último mensaje de amonestación al mundo, un mensaje que ha de decidir el destino de las almas, deben hacer en su propia vida una aplicación práctica de las verdades que predican a los demás. Deben ser para la gente ejemplos en su manera de comer y beber y en su casta conversación y comportamiento. En todas partes del mundo, la glotonería, la complacencia de las pasiones viles y los pecados graves son ocultados bajo el manto de la santidad por muchos que profesan representar a Cristo. Hay hombres de excelente capacidad natural, cuya labor no alcanza a la mitad de lo que podría ser si ellos fuesen templados en todas las cosas. La satisfacción del apetito y la pasión embota la mente, disminuye la fuerza física y debilita el poder moral. Sus pensamientos no son claros. No pronuncian sus palabras con poder; éstas no son vivificadas por el Espíritu de Dios para alcanzar los corazones de los oyentes. {CRA 192.2}
Así como nuestros primeros padres perdieron el Edén por complacer el apetito, nuestra única esperanza de reconquistar el Edén consiste en dominar firmemente el apetito y la pasión. La abstinencia en el régimen alimenticio y el dominio de todas las pasiones conservarán el intelecto y darán un vigor mental y moral que capacitará a los hombres para poner todas sus propensiones bajo el dominio de las facultades superiores, para discernir entre lo bueno y lo malo, lo sagrado y lo profano. Todos los que tienen un verdadero sentido del sacrificio hecho por Cristo al abandonar su hogar del cielo para venir a este mundo a fin de mostrar al hombre, por su propia vida, cómo resistir la tentación, se negarán alegremente a sí mismos y resolverán participar de los sufrimientos de Cristo.{CRA 193.1}
El temor de Jehová es el principio de la sabiduría. Los que venzan como Cristo venció, necesitarán precaverse constantemente contra las tentaciones de Satanás. El apetito y las pasiones deben ser sometidos al dominio de la conciencia iluminada, para que el intelecto no sufra perjuicio, y las facultades de percepción se mantengan claras a fin de que las obras y trampas de Satanás no sean interpretadas como providencia de Dios. Muchos desean la recompensa y la victoria finales que han de ser concedidas a los vencedores, pero no están dispuestos a soportar los trabajos, las privaciones y la abnegación como lo hizo su Redentor. Únicamente por la obediencia y el esfuerzo continuo seremos vencedores como Cristo lo fue.{CRA 193.2}
El poder dominante del apetito causará la ruina de millares de personas, que si hubiesen vencido en ese punto, habrían tenido fuerza moral para obtener la victoria sobre todas las demás tentaciones de Satanás. Pero los que son esclavos del apetito no alcanzarán a perfeccionar el carácter cristiano. La continua transgresión del hombre durante seis mil años ha producido enfermedad, dolor y muerte. Y a medida que nos acerquemos al fin, la tentación de complacer el apetito será más poderosa y más difícil de vencer.—Joyas de los Testimonios 1:421-423 (1875). {CRA 193.3}
La relación de los hábitos con la santificación
254. Es imposible que cualquiera disfrute de la bendición de la santificación mientras sea egoísta y glotón. Los que tal hacen gimen bajo una carga de enfermedades debido a los malos hábitos en el comer y beber, que hacen violencia a las leyes de la vida y la salud. Muchos están debilitando sus órganos digestivos al complacer un apetito pervertido. El poder que tiene la constitución humana de resistir los abusos que se cometen con ella es admirable; pero los hábitos erróneos persistentes que consisten en comer y beber en exceso debilitarán toda función del cuerpo. Que estas personas débiles consideren lo que podrían haber sido si hubieran vivido en forma temperante, y promovido la salud en lugar del abuso. En la gratificación del apetito y la pasión pervertidos, aun los profesos cristianos incapacitan a la naturaleza en su obra, y aminoran el poder físico, mental y moral. Algunos que lo están haciendo, pretenden estar santificados para Dios; pero tal pretensión no tiene fundamento…{CRA 194.2}
“El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? y si soy señor, ¿dónde está mi temor? dice Jehová de los ejércitos a vosotros, oh sacerdotes, que menospreciáis mi nombre. Y decís: ¿En qué hemos menospreciado tu nombre? En que ofrecéis sobre mi altar pan inmundo. Y dijisteis: ¿En qué te hemos deshonrado? En que pensáis que la mesa de Jehová es despreciable. Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio, ¿no es malo? Asimismo cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no es malo? Preséntalo, pues a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto? dice Jehová de los ejércitos… Habéis además dicho: ¡Oh, qué fastidio es esto! y me despreciáis, dice Jehová de los ejércitos; y trajisteis lo hurtado, o cojo, o enfermo, y presentasteis ofrenda. ¿Aceptaré yo eso de vuestra mano? dice Jehová”. Malaquías 1:6-8, 13. {CRA 194.3}
Demos cuidadosa atención a estas advertencias y reproches. Aunque fueron dirigidos al antiguo Israel, no son menos aplicables al pueblo de Dios hoy. Y debemos considerar las palabras del apóstol en que él ruega a sus hermanos, por la misericordia de Dios, que presenten sus cuerpos, “en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios”. Esta es la verdadera santificación. No es meramente una teoría, una emoción, o una forma de palabras, sino un principio vivo y activo que entra en la vida cotidiana. Requiere que nuestros hábitos en el comer, beber y vestir, sean tales que aseguren la preservación de la salud física, mental y moral, de manera que podamos presentar al Señor nuestros cuerpos, no como una ofrenda corrompida por los malos hábitos, sino como “un sacrificio vivo, santo, agradable a Dios”.{CRA 195.1}
Nadie que profese piedad considere con indiferencia la salud del cuerpo, y se halague a sí mismo con el pensamiento de que la intemperancia no es un pecado, y que no afectará su espiritualidad. Existe una estrecha simpatía entre la naturaleza física y la moral.—The Review and Herald, 25 de enero de 1881.{CRA 195.2}
Se requiere una decisión del carácter
255. El negarse a satisfacer el apetito exige decisión del carácter. Por falta de esta decisión multitudes son arruinadas. Débiles, flexibles, fácilmente desviables, muchos hombres y mujeres fallan completamente en el plan de llegar a ser lo que Dios desea que sean. Los que carecen de decisión de carácter no pueden hacer un éxito de la tarea diaria de vencer. El mundo está lleno de personas embrutecidas, intemperantes, de una mente debilitada, ¡y cuán difícil es para ellos llegar a ser verdaderos cristianos! {CRA 195.3}
¿Qué dice el gran Médico misionero? “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame”. Es la obra de Satanás la de tentar a los hombres a tentar a sus semejantes. Este hace lo posible para inducir a los hombres a colaborar con él en su obra de destrucción. El lucha para inducirlos a entregarse tan completamente a la complacencia del apetito y a las diversiones y locuras excitantes por las cuales clama naturalmente la naturaleza humana, pero que la Palabra de Dios decididamente prohíbe, que puedan ser clasificados como sus ayudadores: trabajan con él para destruir la imagen de Dios en el hombre.{CRA 196.1}
Mediante las poderosas tentaciones de los principados y potestades, muchos son entrampados. Esclavizados por el capricho del apetito, son embrutecidos y degradados…{CRA 196.2}
“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”. 1 Corintios 6:19, 20.{CRA 196.3}
Los que comprenden constantemente que ésta es su relación con Dios, no pondrán en el estómago alimentos que agraden el apetito, pero que perjudiquen los órganos digestivos. No echarán a perder la propiedad de Dios complaciéndose en hábitos impropios en el comer, beber y vestir. Tendrán gran cuidado de la maquinaria humana, porque se dan cuenta de que deben hacerlo a fin de trabajar en sociedad con Dios. El quiere que sean sanos, felices y útiles. Pero a fin de que ellos puedan serlo, deben colocar su voluntad del lado de la voluntad divina.—Carta 166, 1903. {CRA 196.4}
256. Por todas partes ha de hacerse frente a tentaciones excitantes a seguir la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida. El ejercitarse en los principios firmes, y en el estricto control de los apetitos y las pasiones, en el nombre de Jesús el Conquistador, será lo único que los conducirá por la vida en forma segura.—The Health Reformer, mayo de 1878.{CRA 197.1}
La tentativa fútil de una reforma gradual
257. Algunos dicen, cuando se hace un esfuerzo para iluminarlos sobre este punto [el uso del alcohol y del tabaco]: “Lo dejaré poco a poco”. Pero Satanás se ríe de todas estas decisiones. El dice: Están seguros en mi poder. No tengo temor de ellos en ese terreno. Pero él sabe que no tiene poder sobre el hombre que, cuando los pecadores lo tientan, tiene el valor moral de decir NO en forma terminante y positiva. Tal persona ha rechazado la compañía del diablo, y mientras se aferra a Jesús está seguro. Está donde los ángeles del cielo pueden relacionarse con él, dándole poder para vencer.{CRA 197.2}
El ruego de Pedro
258. El apóstol Pedro entendía la relación que hay entre la mente y el cuerpo, y levantó su voz para amonestar a los hermanos: “Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma”. 1 Pedro 2:11. Muchos consideran que este texto es una advertencia contra la licencia solamente; pero tiene un significado más amplio. Prohíbe toda gratificación perjudicial del apetito o la pasión. Todo apetito pervertido llega a ser una concupiscencia que combate contra nosotros. El apetito nos fue dado con un buen propósito, no para ser ministro de muerte al ser pervertido, y en esta forma degenerar hasta llegar a producir las “concupiscencias que batallan contra el alma”… {CRA 197.3}
La fuerza de la tentación a complacer el apetito puede ser comprendida sólo cuando se recuerda la inexpresable angustia de nuestro Redentor durante su largo ayuno en el desierto. El sabía que la complacencia del apetito pervertido amortecería tanto las percepciones del hombre, que éste no podría discernir las cosas sagradas. Adán cayó por la satisfacción del apetito; Cristo venció por la negación del apetito. Y nuestra única esperanza de recuperar el Edén es por medio de un firme dominio propio. Si el apetito pervertido tenía un poder tan grande sobre la humanidad que, a fin de quebrantar su dominio, el divino Hijo de Dios hubo de soportar un ayuno de casi seis semanas en favor del hombre, ¡qué obra está delante del cristiano! Sin embargo, por grande que sea la lucha, éste puede vencer. Con la ayuda del poder divino que soportó las más fieras tentaciones que Satanás pudo inventar, él también puede ser completamente victorioso en su guerra contra el mal, y finalmente podrá llevar la corona de victoria en el reino de Dios.—Christian Temperance and Bible Hygiene, 53, 54 (1890).{CRA 198.1}
Por el poder de la voluntad y la gracia de Dios
259. Por medio del apetito, Satanás gobierna la mente y el ser entero. Millares que podrían haber vivido, han ido a la tumba como náufragos físicos, mentales y morales, porque sacrificaron todas sus facultades en la complacencia del apetito. La necesidad de que los hombres de esta generación llamen en su auxilio el poder de la voluntad, fortalecido por la gracia de Dios, a fin de soportar las tentaciones de Satanás, y resistir hasta la menor complacencia del apetito pervertido, es mucho mayor de lo que era hace varias generaciones. Pero la actual generación tiene menos poder de dominio propio que los que vivieron entonces.—Christian Temperance and Bible Hygiene, 37 (1890). {CRA 198.2}
260. Pocos tienen la fibra moral para resistir la tentación, especialmente del apetito, y para practicar la negación de sí mismos. A algunos les resulta una tentación demasiado fuerte para ser resistida el ver a otros tomar la tercera comida; e imaginan que están con hambre, cuando la sensación no es un llamado del estómago de que se le dé más alimento, sino un deseo de la mente que no ha sido fortificada con los principios firmes, y disciplinada para negarse a sí misma. Los muros del dominio propio y de la restricción de sí mismo no deben en ningún caso ser debilitados y desmoronados. Pablo, el apóstol de los gentiles, dice: “Sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado”. 1 Corintios 9:27.{CRA 199.1}
Los que no vencen en las cosas pequeñas, no tendrán poder moral para soportar las grandes tentaciones.—Testimonies for the Church 4:574 (1881).{CRA 199.2}
261. Fijaos con cuidado en vuestra alimentación. Estudiad las causas y sus efectos. Cultivad el dominio propio. Someted vuestros apetitos a la razón. No maltratéis vuestro estómago recargándolo de alimento; pero no os privéis tampoco de la comida sana y sabrosa que necesitáis para conservar la salud.—El Ministerio de Curación, 248 (1905).{CRA 199.3}
262. En nuestro trato con los incrédulos, no permitamos que nos desvíen de los principios correctos. Al sentarnos a sus mesas, comamos con templanza, y únicamente alimentos que no confundan nuestra mente. Evitemos la intemperancia. No podemos debilitar nuestras facultades mentales o físicas, e incapacitarnos para discernir las cosas espirituales. Mantengamos nuestra mente en tal condición que Dios pueda inculcarle las preciosas verdades de su Palabra.—Joyas de los Testimonios 2:551, 552 (1900). {CRA 199.4}
Una cuestión de valor moral
263. Algunos de vosotros os expresáis como si os agradara que alguien os dijese cuánto se debe comer. No debe ser así. Tenemos que actuar desde un punto de vista moral y religioso. Debemos ser templados en todas las cosas, porque se nos ofrece una corona incorruptible, un tesoro celestial. Y ahora quiero decir a mis hermanos y hermanas: Preferiría tener valor moral, asumir una posición definida y gobernarme a mí misma. No quisiera imponer esta carga a otra persona. Coméis demasiado y luego lo lamentáis, y seguís pensando en lo que coméis y bebéis. Comed lo que os beneficia, y levantaos de la mesa sintiéndoos libres ante el cielo, sin remordimiento de conciencia. No creo que se deben evitar todas las tentaciones a los niños ni a los adultos. Nos espera una lucha, y debemos mantenernos en situación de resistir las tentaciones de Satanás; pero necesitamos saber que poseemos en nosotros poder para ello.—Joyas de los Testimonios 1:191 (1870).{CRA 200.1}
264. Se me ha dado un mensaje para transmitiros: Comed a horas regulares. Debido a los hábitos erróneos en el comer estáis preparándoos para sufrimientos futuros. No es siempre seguro aceptar invitaciones a comidas, aunque éstas provengan de vuestros hermanos y amigos, que desean prodigaros muchas clases de alimentos. Sabéis que podéis comer dos o tres clases de alimentos en una comida sin perjuicio para vuestros órganos digestivos. Cuando sois invitados a una comida, rehuid las muchas variedades de alimentos que ponen ante vosotros los que os han invitado. Esto es lo que debéis hacer si queréis ser fieles centinelas. Cuando se coloca ante vosotros alimentos que, una vez consumidos, impondrán a los órganos digestivos horas de duro trabajo, no podemos, si consumimos estos alimentos, culpar del resultado a los que los colocan ante nosotros. Dios espera que decidamos nosotros mismos consumir solamente los alimentos que no causarán sufrimiento a los órganos digestivos.—Carta 324, 1905. {CRA 200.2}
La victoria en Cristo
265. Cristo peleó la batalla en el terreno del apetito, y salió victorioso; y nosotros también podemos vencer por medio de la fuerza derivada de él. ¿Quiénes entrarán por las puertas en la ciudad? No los que declaran que no pueden quebrantar la fuerza del apetito. Cristo resistió el poder de aquel que quisiera retenernos en la esclavitud; aunque debilitado por su largo período de ayuno de cuarenta días, resistió la tentación, y demostró por medio de este acto que nuestros casos no son desesperados. Yo sé que no podemos obtener la victoria solos; y ¡cuán agradecidos debiéramos estar de que tenemos un Salvador viviente, quien está listo y dispuesto a ayudarnos!—Christian Temperance and Bible Hygiene, 19 (1890).{CRA 201.6}
266. Una vida pura y noble, de victoria sobre nuestros apetitos y pasiones, es posible para todo el que une su débil y vacilante voluntad a la omnipotente e invariable voluntad de Dios.—El Ministerio de Curación, 131, 132 (1905).{CRA 201.7}
266. Una vida pura y noble, de victoria sobre nuestros apetitos y pasiones, es posible para todo el que une su débil y vacilante voluntad a la omnipotente e invariable voluntad de Dios.—El Ministerio de Curación, 131, 132 (1905).{CRA 201.7}

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