Cómo preservar nuestra sensibilidad

Cómo preservar nuestra sensibilidad
Dios creó al hombre un poco inferior a los ángeles y le confirió atributos que, si son empleados correctamente, lo convertirán en una bendición para el mundo y lo impulsarán a dar la gloria al Dador. Pero, aunque hecho a la imagen de Dios, mediante la intemperancia el hombre ha quebrantado la ley de Dios. La intemperancia de cualquier clase adormece los órganos de la percepción y debilita el poder nervioso del cerebro de manera que las cosas eternas no son apreciadas, sino que son puestas en el mismo plano de lo común. Las facultades superiores de la mente, designadas para propósitos elevados, son esclavizadas por las pasiones más bajas. Si nuestros hábitos físicos no son correctos, nuestras facultades mentales y morales no pueden ser fuertes; porque existe una relación estrecha entre lo físico y lo moral. El apóstol Pedro lo comprendía y elevó su voz de advertencia a sus hermanos: “Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma”. 1 Pedro 2:11{CSI 104.1}
Los que han recibido luz en lo que concierne a comer y vestir con sencillez, en armonía con las leyes físicas y morales, y se han apartado de la luz que les señala su deber, también rehusarán cumplir su deber en otras cosas. Si endurecen sus conciencias a fin de evitar la cruz que deben llevar para estar en armonía con la ley natural, violarán los diez mandamientos para evitar el reproche. Algunos se niegan decididamente a cargar la cruz y a despreciar la vergüenza. Muchos abandonarán sus principios a causa de las burlas. La conformidad con el mundo está ganando terreno entre el pueblo de Dios, los que profesan ser peregrinos y extranjeros, y dicen velar en espera del aparecimiento del Señor. Hay muchos entre los profesos observadores del sábado que están más firmemente atados a las modas y placeres mundanos que a cuerpos y mentes saludables o corazones santificados…* {CSI 104.2}
Mediante las verdades señaladas para estos tiempos, el Señor está apartando un pueblo del mundo y lo está purificando en Cristo. El orgullo y las modas no saludables, el amor por la ostentación, el amor por la alabanza, todo debe ser dejado en el mundo, si hemos de ser renovados en conocimiento a la imagen de Aquel que nos creó. “Porque la gracia de Dios que trae salvación a todos los hombres, se manifestó, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo templada, y justa, y píamente, esperando aquella esperanza bienaventurada, y la manifestación gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo, que se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad, y limpiar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras”. Tito 2:11-14.{CSI 105.1}

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